El nombramiento de Màxim Huerta como ministro de Cultura y Deportes sorprendió a quienes le conocían y a quienes no. No sorprendió tanto, cuando ocurrió, el de Íñigo Méndez de Vigo, que nada más recoger la cartera puso como referencia de su ministerio a Cine de Barrio: aprovechando su estatus corrió a reclamar y conseguir un lugar de excepción en la conmemoración el 25 aniversario del susodicho y emblemático programa.

Máxim Huerta tendrá lo suyo, pero sus precursores tampoco pudieron presumir de estupendos. El mayor inconveniente del recién llegado no radica en su comparación con los predecesores sino con sus compañeras y compañeros, ministras y ministros, de gabinete.

Quienes inicialmente son recibidos con sorpresa se empeñan con frecuencia en acabar con los recelos mediante la sobreactuación y su constante presencia en los medios: acaban confirmando casi todas las suspicacias.

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