Nunca estuve en Dukla, pero conozco su respiración. Nadie me había hablado de ella, pero la he sentido. No acertaría a situarla en el mapa, pero a partir de hora habrá olores, paisajes, objetos, bares, trenes, personajes, detalles y ambientes, que la evocarán en mi memoria. Tengo que agradecérselo a Jowita Luczak, que me presentó a Andrezj Stasiuk, narrador y crítico literario polaco, el día que ella me regaló El mundo detrás de Dukla.  

Esta ciudad, próxima a Krosno y a Eslovaquia, forma parte del formidable enclave de los Cárpatos. Quizás esa sea una realidad imponente, pero, en cualquier caso, Stasiuk construye la biografía de ese paisaje sobre un tiempo y un espacio cercanos, íntimos, a través de detalles mínimos o sin relieve aparente que adquieren, unidos, una dimensión emocionante.

El narrador no explica, expone pormenores, lugares, sentimientos, sugerencias. Implica a la naturaleza, vegetal y animal, en el relato. Convierte al paisaje en personaje y llena de lugares su emoción y su memoria. La capacidad lírica de Stasiuk consigue sumergir al lector en el fondo de su experiencia.

El libro del escritor polaco gira en torno a uno de sus relatos, el titulado Dukla, y lo acompaña von varias narraciones breves que con el mismo estilo invitan a sentir la emoción de una historia de verano, de diversos acontecimientos domésticos o de los más sencillos personajes de la fauna cotidiana a través de imágenes que envuelven una realidad cargada de percepciones y que solo se explican por medio de la sensibilidad y el sentimiento.

Literatura, en fin.

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