– ¿Qué tenemos que hacer con Trillo, mandarlo a Perejil?

La pregunta, formulada por el vicesecretario de organización de PP, Fernando Martínez–Maíllo, no sólo es pertinente en su raíz, en su origen, sino aún más en su propuesta. A muchos no se nos había ocurrido, aunque fuera obvia.

– Efectivamente, ¡a Perejil! Al alba y con fuerte viento de levante…

No, Trillo no lo aceptará. En Perejil no existe una capilla donde rezar, como la que tenía en el ministerio de Defensa; la misma en la que trasladó a Dios la responsabilidad del asalto del islote. Y de todos sus asaltos, se supone.

El nombre del pedrusco induce a otras reflexiones. Federico Trillo ha hecho su carrera política como perejil de todas las salsas que condimentaba para ocultar la podredumbre de la comida que ofrecía el partido y el gobierno en que ha actuado como ayudante. Las salsas, como bien se sabe, han servido en muchas ocasiones para esconder la mala calidad del producto servido. De ahí la afición de Trillo a las salsas y los perejiles, incluso para adornar el altar de su capilla particular.

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