El nuevo debate de investidura en España llega en un contexto europeo inquietante y difícil. Este domingo Joseph Stiglitz lo dibujaba en un artículo titulado Europa: reforma o divorcio. Entre otras cuestiones planteaba que “el euro sólo puede funcionar si se cambian las reglas e instituciones de la eurozona” y proponía siete modificaciones imprescindibles:

  • Abandonar los criterios de convergencia, que exigen que los déficit sean inferiores al 3% del PIB;
  • Sustituir la austeridad con una estrategia de crecimiento, que deberá estar apoyada por un fondo de solidaridad para la estabilización;
  • Desmantelar un sistema propenso a atravesar crisis mediante el cual los países se ven obligados a tomar préstamos en una moneda que no está bajo su control, y fundamentarse, en cambio, en los eurobonos o en algún otro mecanismo similar;
  • Compartir de mejor manera la carga durante el ajuste, haciendo que los países que en la actualidad tienen excedentes de cuenta corriente se comprometan a elevar los salarios y aumentar el gasto fiscal, garantizando de dicha manera que sus precios aumenten más rápido que los precios en los países con déficit de cuenta corriente;
  • Cambiar el mandato del Banco Central Europeo, que en la actualidad se centra sólo en la inflación, a diferencia del mandato que tiene la Reserva Federal estadounidense, entidad que tiene también en cuenta el empleo, el crecimiento y la estabilidad;
  • Establecer un seguro de depósitos común, que evitaría la fuga de dinero desde los países que tienen resultados deficientes, así como otros elementos constituyentes de una «unión bancaria»;
  • Alentar, en lugar de prohibir, las políticas industriales diseñadas para garantizar que los países rezagados de la eurozona puedan ponerse al día y alcanzar a los países líderes de dicha zona.

img_como_aprender_a_decir_no_sin_remordimientos_6722_origO sea, venía a plantear que urge un nuevo aliento político para un tiempo nuevo. Quienes asumieron las órdenes y los criterios que han empujado a Europa a su propio fracaso, renegando de algunos de los principios que invitaron a soñarla como una (o la) utopía razonable, están incapacitados para afrontar ese contexto elemental, básico.

Es el momento de decir no. Pese al asedio sobre el PSOE (“nosotros hemos cumplido con nuestra obligación. Falta que los demás cumplan”, afirmó ayer mismo el propio Rajoy), lo más decente tal vez consista en buscar el significado de la responsabilidad, tal como el profesor de Ciencia Política de la Duke University Pablo Baramendi lo planteaba hace unos días.

8a652380e4b3cdf96a08068d281e052c_COMO-DECIR-NO-A-TU-JEFE-EXITO-EN-FEMENINO1-863-430-cO sea, que “Si pensamos en la gravedad de los problemas y en las soluciones deseables, lo verdaderamente irresponsable no es negarse a la continuidad de un Gobierno del PP sino renunciar a construir una mayoría alternativa que es aritméticamente posible y políticamente muy urgente”.

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