El Gobierno encarga un informe sobre las balanzas fiscales, demandadas originariamente por los partidos nacionalistas y en los últimos tiempos por los dirigentes de los partidos gobernantes en las comunidades más ricas. Tras negarse a hacer públicos los resultados, al fin presenta los aportados por una fundación que ya realizó algo similar por encargo de un gobierno socialista.

Los datos encima de la mesa servirán de poco. Se refutarán, se discutirán, se utilizarán para cualquier componenda. Porque el fondo es otro.

Por eso, me han surgido algunas preguntas marginales:

1. ¿Algún partido en Madrid estaría dispuesto a hacer campaña afirmando que esta comunidad debe estar orgullosa de ser la que más dinero aporta al conjunto de España, la que tiene el déficit fiscal más alto, y que debe seguir haciéndolo así? ¿Sería una razón de peso para valorar su candidatura o para rechazarla?

2. ¿La presidenta de Andalucia o el presidente de Extremadura estarían dispuesto a incluir en su programa de actuación el compromiso de aprovechar las ayudas que reciben de otras comunidades para convertir a su región, a fecha fija, en donante de recursos a otras regiones o países? Para que se vea, por ejemplo, que las ayudas recibidas pueden ser más eficaces que la emigración…

3. ¿Se puede entender que el grupo o movimiento más a la izquierda del Parlament de Catalunya afirme que «Los países catalanes estamos pagando de forma desproporcionada»? Lo ha dicho Quim Arrufat, dirigente de la CUP, tras juntar los datos ofrecidos por el Gobierno de la balanza fiscal de Cataluña con los de Valencia y Baleares. Luego hablan de la crisis de la socialdemocracia, como si les fuera ajena.

4. ¿Sería lógico aprobar una reforma fiscal basada en un principio elemental: que nadie pague más que yo si tiene menor riqueza y que nadie pague menos que yo si tiene mayor riqueza? ¿Lo aceptaríamos si solo se cumpliera la primera parte a cambio de presionar para alcanzar la segunda? ¿O el escaqueo al fisco es una norma de conducta compatible con responsabilizar a otros de todos los males?

El debate que vendrá será, por tanto, una patraña. Los planteamientos políticos están tan trufados de desvergüenza que no hay balanza capaz de medirla.

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