MALDITAS GUERRAS

248704.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxCuando ya se ha estrenado la nueva creación del británico Terence Davies (A Quiet Passion, 2016), biografía cinematográfica de la escritora Emily Dickinson, llega a nuestras salas la anterior, Sunset Song, adaptación de la novela homónima del escocés Lewis Grassic Gibbon, publicada en 1932 como primera parte de una trilogía y ambientada en la segunda década del siglo pasado.

Ese desorden cronológico en el estreno de sus obras es particularmente chocante tratándose de un cineasta que, salvo en esta ocasión, acostumbra a espaciar sus rodajes a lo largo de varios años. Así, su primer largometraje de ficción, Voces distantes (Distant Voices, Still Lives), data de 1988 y sería seguido por títulos tan significativos como El largo día acaba (The Long Day Closes, 1992), La biblia de neón (The Neon Bible, 1995) y La casa de la alegría (The House of Mirth, 2000), hasta llegar a The Deep Blue Sea (2011) y los dos citados al principio.

522042.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxEn Sunset Song es imposible no acordarse de la obra maestra de los hermanos Taviani, Padre patrón (Padre padrone, 1977) al asistir a la presentación de esos granjeros escoceses, los Guthrie, que van a protagonizar la historia, y sobre todo al retrato de ese cabeza de familia brutal, ultrarreligioso y dispuesto a tener los hijos que dios les mande, aunque tienen seis y un nuevo embarazo hará que su esposa, ya mayor, se suicide, incapaz de soportar la situación. Solo que aquí la acción no va a centrarse en aquel Gavino Ledda que superó las prohibiciones paternas para convertirse de puro analfabeto en profesor de literatura, sino en la joven Chris Guthrie, que también quiere estudiar pero renuncia a hacerlo para atender a las labores de la casa y el campo, y cuya evolución nos será descrita con el apoyo de una voz narradora sugerente aunque redundante en más de un momento.

521104.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxTras un arranque particularmente duro, que culmina en la muerte del padre, víctima de un ictus que lo inmoviliza en el lecho, haciéndolo aún más intratable, la película traza una especie de arco central, quizá demasiado extenso y moroso, para contar la adaptación de Chris a su nuevo estatus de propietaria y responsable de la granja, su rápida boda con el amable y respetuoso Ewan, el feliz nacimiento de su hijo y lo que en conjunto parece una alabanza de la vida de aldea, con la complicidad de los campesinos circundantes y una proliferación de fiestas, canciones populares y otros elementos típicos del ambiente rural, del lugar y de la época.

Hasta que llegan los ecos de la guerra declarada entre el Reino Unido y Alemania, que se desarrolla en territorios continentales pero empieza a exigir cada vez más incorporaciones de jóvenes al ejército. Ewan se resiste a ello, alegando, como tantos otros, su dedicación a las faenas del campo, pero acabará alistándose para no ser acusado de cobardía. A su regreso momentáneo habrá sufrido una profunda 518292.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxtransformación, y deberá partir de nuevo hacia el frente y hacia un desenlace que nos será descrito en forma de flash-back, convirtiendo de pronto al filme en un vigoroso alegato antibelicista (A destacar el cínico sermón del pastor local, que acusa de todos los vicios posibles a quienes no se alisten, mientras él permanece tranquilamente en su iglesia).

Terence Davies trata esta historia con la exquisitez formal que lo caracteriza, planificando los encuadres con rigor, matizando la fotografía mediante las nieblas o la lluvia en exteriores y con la luz de las velas, los candiles o las chimeneas en unos interiores cuidadosamente seleccionados, y articulando la narración a base de una medida alternancia entre planos largos, contemplativos, que a veces rozan el esteticismo, y un uso eficaz de las elipsis, para aligerar las secuencias ya esbozadas y hacer que avance un relato salpicado por varias sorpresas argumentales algo bruscas.

058222.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxPorque al final pesa demasiado el contraste ya apuntado entre la violencia que preside el comienzo y el final de la película, y la extensa parte central, en la que predominan otros sentimientos, quizá voluntariamente contradictorios. Como contradictorias parecen las actitudes finales de la pareja protagonista, tras las que mantuvieron durante la vuelta temporal de Ewan a casa, y que se nos describen en paralelo a continuación del ya citado flash-back. No es fácil entender el sentido global que el cineasta ha querido dar a esta adaptación de una obra literaria poco difundida entre nosotros, pero que tiene valores suficientes para ser contemplada con interés.

FICHA TÉCNICA

Dirección y Guion: Terence Davies, sobre la novela homónima de Lewis Grassic Gibbon. Fotografía: Michael MacDonough, en color. Montaje: David Charap y Rui Diaz. Música: Gast Waltzing. Intérpretes: Peter Mullan (John Guthrie), Mark Bonnar (padre Gibbon), Agyness Deyn (Chris Guthrie), Ron Donachie (tío Tam), Stuart Bowman (Alex Mutch), Kevin Guthrie (Ewan Tavendale), Daniela Nardini (Jean Guthrie), Jack Greenlees (Will Guthrie). Producción: Hurricane Films, Iris Prod. y SellOutPictures (Reino Unido y Luxemburgo, 2015). Duración: 135 minutos.

Ver todas las críticas de Juan Antonio Pérez Millán. 

 

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