Nuevas elecciones. Nuevo gobierno.

Imaginemos.

El presidente debutante convoca a los responsables de los medios de comunicación. Les dice: este gobierno se compromete a la transparencia y, sobre todo, a informar no solo sin mentiras sino también sin trampas ni medias verdades. Les pregunta: ¿Están dispuestos a que los titulares respondan a lo cierto, que la complejidad se imponga al partidismo, que la información desplace a los prejuicios, que la frase se imponga al contexto, que el ruido ceda a los datos?

¿Habría trato?

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