Vuelve Monago a las disquisiciones de este blog por culpa de la filología, que no de la política. Su deambular penitente, lastimero y propagandístico por diferentes medios de comunicación no le devolvió ningún crédito; al contrario, perdió lo que no estaba obligado a perder. Por ejemplo, la dignidad.

Gonzalo Hidalgo Bayal lo ha definido con dos palabras de uso restringido (o poco común): epicedio y dicterio.

“Mal asunto, presidente, tener que ir uno mismo entonando aquí y allá a los cuatro vientos su epicedio”. Y al día siguiente añadió: «Dicterio. Será la arrogancia», dice (pregunta acaso), «efecto secundario de la mala conciencia».

Me vi obligado a buscar ayuda en el diccionario:

Epicedio = canto fúnebre.

Dicterio = dicho denigrativo que insulta y provoca.

En eso ha consistido el ejercicio exculpatorio (o lo que haya sido) del presidente extremeño por conferencias de prensa, platós de televisión, comparecencias parlamentarias, entrevistas, alocuciones gratuitas o de pago… Un redundante epicedio a través de dicterios. O mejor, una retahíla de dicterios que no eran más que un epicedio. ¿Está claro?

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.