Son muchos los analistas que relacionan algunos de los hechos más relevantes de la sociedad contemporánea con acontecimientos vividos en los años 30 del siglo pasado: la radicalización e incluso la fanatización, el auge del pensamiento reaccionario, su capacidad para absorber a amplios sectores con intereses aparentemente contrapuestos. En España se advertían algunos de esos signos. Las elecciones del 10N los han puesto en evidencia.

¿Cuánto tiene que ver Vox con el fascismo? ¿Con el franquismo? ¿Más aún, con Falange Española?

El movimiento falangista dio cobertura ideológica a un nacionalismo a machamartillo, sustentado sobre la hegemonía de una religión excluyente, afirmado sobre la descomposición y la inestabilidad política y social, por la incapacidad del Estado para dar solución a problemas reales, como la desigualdad o la pobreza de amplios sectores, que aportaron una dimensión interclasista, donde lo marginal y lo directamente reaccionario se relacionaban sin complejos con reclamaciones justificadas. Era la unión de la rabia en un pensamiento que se explicitaba bajo camuflaje.

La ultraderecha actual aúna esos factores. Volvemos, pues, al final de la república de Weimar. O si se quiere comparar con algo más cercano, con aquella Falange que dio cobertura ideológica al golpe de Estado y a la Guerra.

¿Estamos a tiempo de evitar que progrese el tsunami?

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.