Los barones del PSOE quieren una salida de unidad (así lo llaman ellos) que consiste en que Susana Díaz repita unanimidades y, ya que el dedo la llevó a dirigir al PSOE andaluz y a la Junta sin necesidad de pasar por ninguna votación orgánica o popular, el mismo dedo u otros parecidos le ahorren ahora el trámite electoral para gobernar el PSOE en su conjunto y, si llegara el caso, convertirla en candidata a la presidencia del gobierno español cuando le llegue el turno, aunque para esto último no tendría más remedio que estrenarse en el escrutinio ciudadano.

Todo, en fin, en aras de lo que llaman unidad; es decir, de la unidad en torno al poder, a la no discusión interna, al debate de ideas y planes, al mantenimiento de unos procedimientos que, más allá de los fracasos cosechados, revelan que el afán por el poder es mucho más importante que el afán por transformar o generar expectativas de transformación en una sociedad sin proyecto colectivo.

¿Se han enterado quienes tanto insisten en esas vías de que ellas son las responsables del desafecto (así lo llaman) de muchos ciudadanos en la política y de la mayor parte de la izquierdas en el PSOE?

Pues erre que erre.

No se trata de cuestionar la valía de nadie sino el procedimiento.

Y por supuesto: alguna perplejidad. Véase, si no:

A veces la unidad evoca algo demasiado marcial.

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