La crisis de los partidos políticos en España es absoluta. Lo aseguran de manera unánime los estudios opinión, las discusiones de café y las tertulias de La Noria. Último ejemplo: ni el PSOE ni IU ni ERC juntos han hecho por la República y, en consecuencia, por la deslegitimación de la Monarquía un ápice de lo que ha conseguido un solo hombre: al duque Urdangarín, una estrella del talonmano.

Hay que admitir que ha tenido maestros y amigos, como Matas o Camps, y territorios propicios, insulares y continentales, siempre mediterráneos. Pero también topó con personajes menos colaboradores. Esta anécdota la cuenta José San Clemente en su blog Entremedios:

Recuerdo que durante un viaje a Madrid, en el puente aéreo, el joven Urdangarín, sentado en un  asiento delante del mío junto a  un conseller socialista de la Generalitat , gobernada entonces por el tripartito, le decía que estaba pensando abandonar Barcelona porque le resultaba imposible «trabajar» en Cataluña con las áreas de cultura y de deportes en manos de Esquerra Republicana. El duque, no podía entender que no se aprovecharan sus «conocimientos, contactos y los valores que podía aportar», simplemente porque los republicanos le tenían vetado. He de decir que el conseller socialista me pareció que se lo sacaba de encima con buenas maneras, si bien Urdangarín se mostró como un ejecutivo agresivo pidiéndole una cita para hablar de ello en unos días.

Hurgandarín no se conformó con su labor de husmear entre los afines. También lo intentó en otros espacios que él quiso transformar en nuevos urdangaritos. Reconozcamos su tesón sin confundirlo con el propio de un medrador intrigante, sino con la abnegación y el esfuerzo de un revolucionario. A la vista de que los partidos políticos han reemplazado a la vieja nobleza conspiradora y reaccionaria, decidió desenmascarar a una Corte con aura de intachable. Sólo un auténtico plebeyo podía llegar tan lejos y, sólo por eso y para aquello, se camufló de  Duque, sin confundirse, ni mucho menos, con un Marichalar que sólo quería ser lord.

Ante el fracaso de los partidos meritocráticos solo los plebeyos nos asisten. Un alivio.

 

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