Solo una pulsión nacionalista tan absurda como cualquier otra pulsión nacionalista justifica la aceptación masiva del modelo de gestión que propone el deporte mayoritario.

seleccion_espanola_futbol_candidatas_laureusEn concreto. Salvo en tres casos excepcionales de difícil justificación, el modelo vigente en el fútbol español se basa en empresas privadas que desarrollan actividades reguladas aparentemente con los criterios del libre mercado; así se explican, por ejemplo, los permanente cambios de accionariado de los clubes, completamente al margen e incluso en contra de las aficiones (tan identitarias ellas), o la intervención permanente de los poderes económicos más relevantes, incluidos los financieros.

Simultáneamente las federaciones nacionales, entidades sometidas a control público, expropian, siquiera de manera temporal, los activos más relevantes de aquellas empresas, sus jugadores, para actividades que promueven en propio beneficio y en aras de identidades relacionadas con las naciones o las patrias. Y lo hacen, las susodichas federaciones, sin asumir la parte proporcional de los costes y, menos aún, de los perjuicios que ocasionan a los titulares originales de los contratos; es decir, provocando distorsiones casuales, aunque frecuentes (lesiones, por ejemplo), en la actividad primigenia o alteraciones en los procesos lógicos de los campeonatos privados y, en consecuencia, en los resultados finales de las competiciones que justifican, por ejemplo, los exagerados emolumentos de los jugadores.

imagenes-graciosas-nombres-de-las-camisetas-de-la-seleccion-espanola-600x360Esto es absurdo, salvo que se decidiera trasladar el modelo a otras áreas de la sociedad, como la economía, la educación, la ciencia… Si, por ejemplo, las empresas más innovadoras, las que ofrecen resultados más satisfactorios, las instituciones privadas de mayor excelencia y solvencia, las financieras; si todas ellas cedieran cada año, durante un par de meses, a sus mejores profesionales para integrarse en grupos de trabajo que estimularan nuevos modelos de funcionamiento, de organización o de gestión de las instituciones públicas, entonces el modelo deportivo podría resultar de interés.

Visto así, lo del deporte quizás no fuera tan aberrante. Pero las empresas, los laboratorios, las fundaciones… no van a estar a favor del modelo deportivo que nadie discute. ¿Por qué?

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