Tres de cada cuatro españoles piensan que el 26 de junio habrá nuevas elecciones. Sólo uno de cada cinco aún confía en la posibilidad de un pacto que alumbre un gobierno sobre las pautas marcadas el 20 de diciembre pasado.

podemos-y-sus-marcas-blancas-superarian-al-psoe-en-unas-elecciones-anticipadasSuperados ampliamente los cien días desde la última convocatoria electoral, la repetición de los comicios resulta a estas alturas, a juicio de los analistas que así se consideran, la hipótesis más verosímil. No obstante, los ciudadanos desean exactamente lo contrario.

Manuela Carmena ha vuelto a manifestar su deseo. En esa misma posición coinciden otros dirigentes con probada trayectoria reformista e independencia. Sin embargo, los tres partidos en los que descansa la viabilidad del pacto siguen aplazando su reunión, desafiando las urgencias y banalizando las expectativas ciudadanas.

Pese a haber abogado en este larguísimo proceso por distinguir entre el tiempo de la política y el de los medios, los límites de la paciencia empiezan a verse sobrepasados.

A estas alturas del proceso, hay que plantear la cuestión con claridad. El futuro gobierno de España es cosa de tres: PSOE, Podemos y Ciudadanos; con fórmulas más o menos activas y más o menos pasivas (como ellos dicen). No cabe otra posibilidad. El PP se ha descalificado con sus comportamientos durante la anterior legislatura y con sus movimientos esquizoides tras las elecciones.

imagen-sin-tituloHay que poner fin a las zarandajas. El que crea que es peor un acuerdo de esas características que la repetición de las elecciones que lo diga y que obre en consecuencia. Estará en su derecho, y tendrá la oportunidad de explicarlo.

La solución requiere habilidad e inteligencia. Será compleja. Requerirá un programa de gobierno, tal vez limitado en el tiempo, con objetivos compartidos (regeneración democrática, lucha contra la corrupción, reforma electoral, nuevos procedimientos para la elección de órganos del Estado: judicatura, medios públicos, órganos de control de la competencia y el banco de España, etc.

En otros ámbitos la toma de posiciones resultará más compleja y tal vez deba asumir ciertas contradicciones. Un gobierno político y profesional, plural, que cuente con expertos en sus respectivas materias y con la participación de independientes. Y un órgano de coordinación, donde confluyan representantes del Parlamento y de la administración del Estado, para garantizar la mecánica del consenso y la lealtad de las tres formaciones obligadas al compromiso y al respeto.

imagen-sin-titulo-1¿Difícil? Dificilísimo. Pero no hay otra. Y por si fuera cierto el refranero (no hay mal que por bien no venga) puede ser una oportunidad formidable para un tiempo político completamente distinto, que obligue al acuerdo y a la construcción de amplias mayorías que alienten cambios duraderos.

Como mínimo, que dejen unas reglas de juego bien distintas que favorezcan una representación más acorde con la verdadera pluralidad de España, sin ventajas para las hectáreas y los nacionalismos (incluido el agrario), que reconozcan la igualdad de cada uno de los votos emitidos.

Hoja de ruta

Si la minoría que aún cree en la necesidad del pacto tiene razón, y los partidos interesados en el acuerdo buscan referencias para cuadrar el círculo, se les puede recomendar, a unos y a otros, las pautas ofrecidas por Antón Costas, dignas de ser tenidas en cuenta. Léase atentamente su colaboración mensual en El País/Negocios, titulada Corrupción de los sentimientos morales y populismo.

El presidente del Círculo de Economía de Cataluña ya aportó otras referencias de interés hace algunos meses en su Porqué el consenso es posible, publicadas en el mismo medio y aquí también reseñadas.

 

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