Doce días después, la presidenta de la Comunidad de Madrid comparece ante el Asamblea para explicar cómo conquistó el máster en la Rey Juan Carlos.

Conclusión: Cristina Cifuentes ha sido víctima de una conspiración cósmica. Se deduce de su desfachatez. Una conjura tan enorme se rebate con sus propias dimensiones: no es posible tanto disparate junto. Ergo, toda la peripecia académica de la presidenta y los sucesivos dislates de la Universidad creada para mayor gloria del PP son imposibles. Tantos disparates no pueden coincidir en un solo caso. Sobrepasan los límites humanos.

Salvo que la tal Cifuentes pertenezca a una estirpe divina. De algo parecido se reviste para aguantar el chaparrón y la marea. Si sobrevive, ¿será cierta su condición sobrehumana? ¿O será tan solo cierta la corrupción en que algunos se enfangan a la vista de una ciudadanía anestesiada y con la complicidad de algunos adalides de los servicios de basuras que se alimentan en pleno vertedero?

¿En serio? Lean, por ejemplo, el artículo Ética y Universidad suscrito en Público por el exrector de la Complutense, Carlos Berzosa. Tanta mesura calma, pero no concede escapatorias.

 

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