La mejor novela es la vida misma. Tú no eres como otras madres (Periférica & Errata Naturae, 2016), de Angelika Schrobsdorff, duele y conmueve. Se trata de la biografía, de Else Kirschner, madre de la autora, y se trata del retrato apasionado de una época que lleva de la alegría a la destrucción, de las esperanza al abatimiento; un recorrido circular de unas personas y un mundo sometidos a una transformación desgarradora. Una novela imprescindible, publicada en alemán en 1992, a la que el Círculo de Libreros otorgó el premio de mejor novela del pasado año.

La protagonista y sus tres hijas.

Una joven, de familia judía y acomodada, goza del esplendor del Berlín de los años 20, unos tiempos que, como explica uno de los personajes del relato, “fueron fantásticos, desde luego. El preludio de una época nueva. Moderna, emancipada, que no tuvo oportunidad. ¡Una grandiosa danza de la muerte! La cantidad de gigantes del arte y del intelecto que el Berlín de entonces escupió de la noche a la mañana es simplemente increíble. La mitad eran judíos”.

La protagonista se rebela contra los padres y sus símbolos, reivindica su libertad contra cualquier atadura, desafía las convenciones y antepone la dicha íntima al compromiso impuesto. Lo propiciaban el ambiente, los movimientos culturales, la necesidad de nuevas experiencias frente al orden burgués.

Aquel periódico iniciático, formidable, acaba convertido en “un cometa que en una noche breve y sin estrellas deja un rastro ancho y luminoso entre dos guerras mundiales”. Todo aquello acabó con la irrupción lenta, progresiva, implacable del nazismo; de manera, que, siguiendo el relato anterior, los mismos que abanderaron el entusiasmo libertario y narcisista “conseguimos matarlo todo: a los judíos, al arte y al intelecto”. Eso fueron los años posteriores, hasta 1947, cuando muere Else Kirschner, tras haber sobrevivido a la desaparición o a la ausencia de los seres que se le hicieron más queridos, a la destrucción del mundo que la acogió, al exilio en el que nunca dejo de estar perseguida, a la pobreza impensable, a la enfermedad definitiva.

Angelika, hija y autora. ¿Con Paul?

Se trata de una biografía estremecedora y de un retrato de personajes formidables, totalmente veraces, complejos, a los que la realidad que los circunda transforma hasta la contradicción. Se trata del relato de una época inolvidable, porque en este caso la desmemoria (y a veces parece que estemos en eso) sólo conduce a la repetición sucesiva de momentos que abocan a la barbarie. Se trata, también, de una reflexión imprescindible sobre la levedad del ser humano frente a la tiranía, sobre su incapacidad para defender la convivencia y la cordura, sobre la mezquindad frente al poderoso, y también de su grandeza para la comprensión y la solidaridad desde el infortunio.

El retrato de Angelika Schrobsdorff tiene además la virtud de la complejidad. Sus personajes, firmemente diseñados mas no lineales, dibujan una realidad cambiante, porque las condiciones extremas impuestas sobre sus vidas les arrastran, ya sea por seducción o por instinto de supervivencia, contra lo que en algún momento fueron o quisieron ser.

Esta biografía o esta novela recuerda a otras sobre el nazismo, el holocausto y la guerra, como La suite francesa, de Irene Némiroski. También a otras mucho más cercanas (Patria, de Fernando Aramburu) en la que se aborda la descomposición y la degradación de la sociedad acosada por la barbarie. Tú no eres como otras madres insiste, con una fuerza que impide abandonar su lectura, aún a sabiendas de que ese camino conduce al estremecimiento, en que la historia no siempre es maestra. En tiempos como los que vivimos, tal vez convenga pensar que la literatura a veces puede serlo.

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