El suplemento cultural de El País, Babelia, dedica el tema central del sábado 11 de marzo a La literatura de la España vacía. Julio Llamazares, un autor que desde hace décadas ha dedicado artículos y novelas a la despoblación y al deterioro y la pérdida de valor de lo rural, explica en Volver a los pueblos fantasmas “que un fenómeno de la profundidad social y las consecuencias del desmoronamiento de la España rural y agraria apenas haya tenido reflejo en la literatura y en la filmografía españoles indica hasta qué punto el fenómeno ha sido invisible para los españoles durante décadas”.

Llamazares cita algunas excepciones a la regla del olvido o la ignorancia: El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delipes; Donde la vieja Castilla se acaba, de Avelino Hernández; Pedra de tartera, de Maria Barbal; o Camí de sirga, de Jesús Moncada, entre las obas literarias; y El cielo gira, de Mercedes Álvarez, y Flores de otro mundo, de Iciar Bollain, entre las cinematográficas.

Sin embargo, reconoce que en los últimos años han surgido jóvenes escritores que han roto esa dinámica. Y así cita a Alejandro López Andrada (El viento derruido), Emilio Gancedo (Palabras mayores), Jesús Carrasco (Intemperie), Paco Cerdá (Los últimos. Voces de la Laponia española), Fermín Herreros (Tempero, tierras altas) “y sobre todo, el autor que ha dado nombre al fenómeno y cuyo ensayo/viaje/narración constituye posiblemente el libro más importante, siquiera sea por necesario, que se ha publicado desde hace tiempo en este país: Sergio del Molino y La España vacía”.

Ha sido ese término, la España vacía, el que ha dado visibilidad el concepto de la despoblación y el abandono, el que lo ha llevado al debate público y el que ha despertado el interés general. Un punto de inflexión respecto a lo que Martín Caparrós denuncia en El orbe es una urbe (y desespera): que “el campo no solo pierde habitantes sin cesar en todo el planeta; también va perdiendo su lugar en el imaginario colectivo”.

Fue precisamente por todo eso, ahora tan explícito e irrefutable, por lo que hace un año la asociación almaHurdes planteó unos homenajes anuales a las acciones culturales más relevantes en relación con el mundo rural, ya sea en el ámbito literario, cinematográfico, periodístico o en iniciativas públicas o privadas. Y propuso, además, denominar a esos homenajes (más que premios) como almaHurdes, porque la comarca extremeña es uno de los símbolos más representativos, como destaca el propio Sergio del Molino, de la España vacía.

El creciente interés de estos asuntos en la reflexión y el debate públicos invita a la asociación almaHurdes y a las entidades e instituciones de la comarca a acometer una iniciativa que destaque la trascendencia de estas cuestiones y, además, que lo haga con el nombre de Las Hurdes, una comarca que ha sido durante siglos una metáfora de la España rural y, por tanto, de la España vacía.

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