Marta Ferrusola: entre el “váyase a la mierda” y la xenofobia. A este personaje se la ha condenado por el desprecio a un periodista después de que se pusiera en evidencia que su honorable marido no lo era tanto  (en lo honorable, porque lo matrimonial no se discute). Sin embargo, nadie le pidió el cese cuando exigió a los mossos de su escolta que sacaran a los perros de paseo, cuando despreció a un joven Joan Puigcercós por ser camarero, cuando educó a sus hijos en el desprecio a los castellanohablantes, cuando exigió que sus asistentes fueran catalanes arios e incluso cuando repudió a un presidente de Cataluña por su origen andaluz.

Nadie la exigió entonces su renuncia o, al menos, su ostracismo público. Y el nacionalismo siguió creciendo sobre personajes de ese porte. Ahora la envían a las puertas de infierno por haber ofendido a un periodista. En medio, y no es una cuestión menor, se han descubierto otros desvíos que la sociedad entera ha considerado inaceptables.

¿Pero es que lo anterior no lo era?

No, la señora de misa y chiruca era un modelo familiar, cristiano y nacional.

 

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