«Francisco. El padre Jorge». Beda Docampo Feijóo, 2015

Hubo un tiempo en el que la Iglesia católica condenaba sin paliativos el cine, por considerar que estimula la imaginación y alienta las bajas pasiones. Después, viendo que el auge de éste como espectáculo de masas era imparable, y haciendo gala de su tradicional pragmatismo (si no puedes vencer a tu enemigo, alíate con él), mientras mantenía una presencia activa y beligerante en las instancias censoriales de los países que se lo permitían –como España, por ejemplo–, empezó a fomentar por diversas vías la producción de un cine piadoso, milagrero, tan ambicioso en su afán adoctrinador como rutinario y torpe, por lo general, desde el punto de vista cinematográfico, llenando las pantallas de santos, pastorcillos visionarios, vírgenes sacrificadas y misioneros abnegados, sin otro interés que el de imponer sus mensajes también por esa vía popular y moderna.

Cuando parecía que esa fiebre filmo-evangelizadora había amainado, aunque nunca faltaron del todo las películas catequéticas, aparece de pronto este Francisco. El padre Jorge, que trata de contar la trayectoria vital de Jorge Mario Bergoglio desde su juventud bonaerense hasta su elección como pontífice de la citada iglesia. Y lo menos que puede decirse de este intento es que huele a rancio, desentierra fórmulas hagiográficas que se creían superadas para siempre y presenta una figura de cartón piedra, constante emisor de frases grandilocuentes, sin un solo fallo y muy pocas dudas, que solo puede interesar a quien esté previamente persuadido de su grandeza.

El cineasta gallego Beda Docampo, residente en Argentina, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera –diez largometrajes y cuatro películas para televisión desde su debut en 1984 con Debajo del mundo–, escribe y dirige esta película basándose en un libro de Elisabetta Pique y organizando su desarrollo, bastante caótico en términos temporales, a base del paralelismo entre distintos momentos de la vida del protagonista y otros de la periodista española Ana, encargada por su medio de seguir a aquel y de la que conoceremos también algunos retazos de su vida privada, que no interesan en absoluto. Da la impresión de que, dado que en la vida del jesuita Bergoglio –salvando algún desencuentro juvenil con su madre y dos breves enfrentamientos con poderes fácticos que trataban de quebrar su compromiso social– no hay más que elementos positivos, el director ha pretendido desplazar toda posible intriga hacia el acierto o error de Ana en sus predicciones sobre el futuro de su entrevistado. Pobre recurso dramático, que entorpece más que facilita el seguimiento de tan mecánica historia, puesto que el desenlace es sobradamente conocido. Y que culmina con las bochornosas imágenes finales del pontífice real, como queriendo validar con ellas la verosimilitud de lo que se nos ha contado hasta entonces tan desmañadamente.

Pero es que, además, mientras medio mundo se pregunta si la actitud del nuevo papa responde a un auténtico afán de poner patas arriba las anquilosadas estructuras de la iglesia o es solo un afán de actualizarla con formulaciones llamativas pero que no van más allá de una vistosa declaración de intenciones, a la vez que surgen dudas sobre sus actuaciones en el pasado, y en concreto bajo la atroz dictadura militar argentina, la película lo da todo por zanjado con un par de secuencias apresuradas, introducidas con calzador a mayor honra y gloria del personaje.

Nada, pues, que no se hubiera hecho una y mil veces en el terreno del biopic, término que además de significar «película biográfica» suele tener ciertas connotaciones de épica, aunque sea tan barata y facilona como en este caso. Cine para edificación de los previamente convencidos, que nada interesante aporta al conocimiento de una figura de innegable relevancia en el panorama político internacional, y cine capaz de presentar sin rubor contradicciones tan gruesas –aunque tan características de la institución de la que se trata, adicta al doble lenguaje y la doble moral– como la que supone ensalzar la labor del padre Jorge en defensa de los pobres, los oprimidos y los explotados, para presentarlo después acudiendo a una de las más terribles villas-miseria de la periferia de Buenos Aires y diciendo a los fieles reunidos en torno a él que «cuanto más se sufre, más cerca se está de Dios». Sin comentarios.

FICHA TÉCNICA

Dirección y Guion: Beda Docampo Feijóo, sobre el libro de Elisabetta Pique, «Francisco, vida y revolución». Fotografía: Kiko de la Rica, en color. Montaje: Cristina Pastor. Música: Federico Jusid. Intérpretes: Darío Grandinetti (Jorge Mario Bergoglio), Silvia Abascal (Ana), Carlos Hipólito (Marcos), Blanca Jara (Angelina), Emilio Gutiérrez Caba (cardenal Carlos), Leticia Brédice (Cecilia), Marta Belaustegui (Carmen), Leonor Manso (abuela Rosa). Producción: El Padre Jorge A.I.E., Pampa Films y Pentagrama Films (España, Argentina e Italia, 2015). Duración: 95 minutos.

 

Más información en programadoble.com, el blog de Juan Antonio Pérez Millán.

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