Décimo aniversario de una tragedia.

Pero también décimo aniversario de una infamia.

La tragedia mostró cómo hemos conducido este mundo a la sinrazón y a la barbarie. Cambió la vida de las víctimas. No modificó el resto de comportamientos. Salvo quienes la sufrieron en su carne, los demás poco aprendimos; si acaso, a reprimir más al inmigrante, a recelar más del distinto, a refugiarnos en nuestras corazas de bienestar en retirada.

La infamia afectó a la sociedad española en su conjunto. Mostró el lado oscuro de determinados sectores, radicalizó posturas y deterioró la convivencia. No ha habido revisión ni retroceso. La mentira, el fraude, el aprovechamiento de la ingenuidad o la ignorancia dominan nuestras relaciones sociales; porque con estos valores y estos ardides ganan los que siempre ganaron.

Y los perdedores, sin saber, escindidos, dubitativos, desorientados… dispuestos a sentir la emoción de otros derrotados y decididos a soportar a los que mandan. Podemos decir que braceamos, pero solo podemos concluir que nos ahogamos.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.