“España se despide de la recesión más larga de la democracia”, anunciaba El País en su edición de ayer en primera página. Todavía en la portada y a cuatro columnas, con tipografía más rotunda, el periódico proseguía: “Los mercados auguran el inicio de la recuperación económica”.

Primera reflexión: a estas alturas todavía hay quien insiste en que los mercados son el juez imparcial o el medidor riguroso de la realidad que nos agobia gracias, precisamente, a ellos.

Inmediatamente después, en minúsculas y redonda: “El leve crecimiento previsto no será suficiente para aliviar el paro”.

Segunda reflexión: la recesión es una cuestión técnica, mero crecimiento negativo (¡qué incongruencia, crecer y disminuir al mismo tiempo) de la economía y, por tanto, algo irrelevante, porque puede estar desvinculada de la realidad económica de los ciudadanos.

Luego, la información desarrollada con desigual equilibrio en páginas interiores abundaba en los factores que preludian la bonanza, sin ocultar, al final, la dureza de la vida misma.

Por una parte, se citaba a un investigador asociado al Real Instituto Elcano: “las exportaciones continúan creciendo, el número de turistas establecerá este año un nuevo récord, la balanza exterior arroja su primer superávit desde 1997, la inversión directa aumenta en el país, los resultados de la banca mejoran, dos tercios de los ingresos de las empresas del Ibex 35 se generaron en el extranjero”.

Por otra, “la recuperación que jalean los mercados” (y el periódico, se debería añadir) “corre el riesgo de pasar desapercibida para las familias en pobreza severa”. Para que la recuperación llegase a ese colectivo ”no solo debería ser intensa, sino también acompañada de un incremento muy rápido en niveles de empleo y salarios, un escenario que nadie ve ahora”, explica un catedrático universitario, que también destaca la recesión en los instrumentos redistributivos del Estado: sanidad, educación o pensiones”.

Tercera reflexión: ¿por qué este alineamiento del periódico con las  tesis del Gobierno?, ¿por qué este empeño en primar lo técnico e incluso lo especulativo sobre lo real?, ¿por qué ignorar que, aun superada la recesión e incluso aliviado en algún puntito el paro, importantes y numerosos sectores de esta sociedad habrán sufrido para siempre la pérdida de derechos, niveles de bienestar e incluso la depreciación del propio conocimiento o del trabajo?

Cuando las cosas se presentan así, no hacen falta editoriales.

¿Tiene algún problema urgente “el periódico global (antes independiente) en español” con sus finanzas que requiera algún crédito? Crédito en efectivo, porque el de confianza, cabalga de culo.

 

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