Podrás soportar que alguien te decepcione, porque lo verdaderamente insoportable es decepcionarse a uno mismo.

Salvo los que, tan acostumbrados a defraudarse, ya solo advierten el fiasco de los otros.

En el tiempo que vivimos abundan estos últimos. Sin embargo, solo los primeros pueden ser felices: la dignidad contribuye a la autoestima, incluso en la derrota.

Y si es verdad que la dignidad y la derrota comparecen juntas con frecuencia, no se debe a culpas propias, sino a que el éxito o el triunfo se han impuesto en el imaginario postmoderno. Ellos son el único objetivo aunque, en consecuencia, sólo la frustración esté garantizada.

Por la dignidad no hay disputa. A la vista está.

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