Es tiempo de solidaridad. Y las acciones en que se concreta merecen, por lo general, reconocimiento y gratitud.

Las hay de muy diverso tipo: entrega de ropas y alimentos a personas sin recursos, atención directa a ancianos o vecinos con dificultades o algún tipo de discapacidad, gestos de reconocimiento a quienes se juegan la vida en la atención sanitaria a las víctimas de la covid-19… Esos actos solo merecen reconocimiento y gratitud.

Otras acciones proceden de empresas que ofrecen medios y recursos a determinadas instituciones sociales o sanitarias o que adoptan decisiones para aplazar pagos a quienes se ven forzados al paro o a una merma importante de ingresos… Esa solidaridad tiene una contrapartida reputacional: la mejora de su imagen de cara al futuro. Buen gesto si esa actitud, por coherencia, se extiende más allá de un momento extremo.

Otra manera de mostrar la solidaridad es la que protagonizan personas y entidades con un amplio reconocimiento público, que ofrecen donaciones en efectivo o mediante diversas iniciativas para entregar los fondos recogidos a entidades relacionadas con la salud o la asistencia social. Los medios de comunicación jalean estos gestos en consonancia con su peculiar mitología. Sin embargo…

Antes de repartir el carné de Solidario Ejemplar, habría que exigir a esas entidades o personas que cumplan previamente y sin regateos con sus obligaciones fiscales. Y luego que acepten una carga mayor acorde con sus privilegios. Y una vez cumplidos esos requisitos, ¿no se les debería pedir que canalizaran sus aportaciones a través de las instituciones publicas? Entre otras razones, por ejemplo, para dirigir todos los recursos disponibles, de manera coordinada, a los proyectos de investigación con mayores garantías científicas y no hacia ámbitos particulares bien intencionados, pero ajenos a una planificación eficiente que optimice y agilice los resultados.

En casos de extrema necesidad y urgencia, especialmente en los referidos a la salud, las prioridades deben establecerlas los responsables del sistema sanitario, no una selección de deportistas de mérito o de empresarios mayúsculos. ¿Sería conveniente?

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