CiU dice que sin ERC en el Gobierno no habrá consulta; o sea, lo que fue el leit motiv de los unos y los otros, e incluso de algunos más, en la recién concluida campaña electoral era un camelo, un truco o una pieza de negociación.

ERC dice que en el Gobierno, no, que deben ser los jefes de la oposición, y están dispuestos a apoyar e incluso a tragarse algún recorte sobre los recortes, pero que quieren estar en el plato en las tajadas, en el reparto institucional y en la crítica al ejecutivo.

A la parte no nacionalista (o menos nacionalista) de CiU le apetece sondear a los socialistas, pero el PSC dice que no está por un acuerdo con CiU y menos aún tras la detención de un buen puñado de militantes acusados de corrupción; o sea, que no está pa’ná, ni siquiera para reponerse de la depresión: del caño al coro, del coro al caño, del lamento al juez.

Así que, de repente, Rajoy y CiU hacen las paces en el Congreso, Duran Lleida sabe, y lo asegura, que Rajoy no tuvo nada que ver con la cloaca de la campaña, y el presidente anuncia al president que echará una mano en la estabilidad de Cataluña.

Como ocurra esto, la independencia de Cataluña la van a pedir los catalanes en el exilio; por su salud mental. Y entonces contarán con el apoyo de los españoles, preocupados también por su sano juicio.

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