Clase trabajadora: ¿pública o privada?

Me llama la atención una amiga, reivindicativa y solidaria, que despotrica de los ferroviarios que han convocado una huelga en los trenes de Cercanías. Lo hace indignada.

¿Por qué? ¿Tiene razón? Busco una explicación.

Las medidas más graves ejecutadas por los sindicatos vinculados al sector público se evalúan con frecuencia bajo el signo de la sospecha. Ellos las justifican obviamente en defensa de los trabajadores de sus respectivos sectores. Sin embargo, muchas veces, el resto de los empleados del sector privado desaprueba o las propias reivindicaciones o los procedimientos, ya sea porque desbordan las que ellos disfrutan o porque de una u otra manera repercuten en su propia actividad laboral o ciudadana.

¿Por qué esa falta de compromiso “de clase”? ¿O es que la condición del empleador altera la conciencia del empleado? ¿O que la diferente condición del patrón divide y arruina la propia idea de clase trabajadora y, en consecuencia, la solidaridad que en su nombre se reclama?

¿O será, tal vez, que los trabajadores por cuenta privada reclaman la propiedad del sector público y, en consecuencia, les cuesta aceptar que sus empleados superen las condiciones laborales de las que ellos mismos, los empleadores, disfrutan o penan? ¿Se trata, acaso, de pura envidia de los niveles de protección de los otros o de la inferior calidad de las armas que pueden emplear en su defensa?

¿O será simplemente que los niveles de exigencia que pesan sobre unos y otros son tan desiguales como el reconocimiento concreto de sus derechos?

Por eso me llamó la atención la indignación de mi amiga, que entiendo e incluso comparto. Me gustaría que los sindicatos “públicos” fueran más solidarios con los “privados”.

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