La portada de El País de este 31 de diciembre debió acompañarse de alguna promoción extraordinaria. Sugerencias: por el mismo precio del diario, unas pinzas para taparse la nariz, un desodorante de uso obligatorio por parte del lector al concluir la lectura, una pizarra donde escribir los exabruptos que cada titular provoca…

Cabe la posibilidad de que no se trate de la portada de un periódico sino de la portadilla de un coleccionable de relatos sucios que el diario ofrecerá, uno al mes, para que sus suscriptores procuren evadirse de la negrura de la crisis y adentrarse en una ficción canalla y disparatada.

Debe ser esto.

(Lo peor de esta portada es que llueve sobre mojado)

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