Comisionistas de méritos

Gerard Piqué, un futbolista con voz propia, ha estado muchas veces en el ojo del huracán de una prensa deportiva a la que le gusta más el carril que la opinión libre. No ha sido un tipo fácil y, por ello, ha resultado polémico, aunque, muchas veces, por empecinamiento ajeno.

Con el Barça a la deriva tras haber ofrecido cobijo en su estadio y en un día crucial a 30.000 hinchas vestidos de blanco –eso, en el Nou Camp, solo se hace para molestar– y con las expectativas de la temporada esparcidas por las cunetas de la competición, el futbolista ha estado  apartado de los terrenos de juego por culpa de una lesión en un momento culé que transita entre la ensoñación y el infierno.

De repente, el shock. Piqué presenta un nuevo rostro, el de marxista practicante, sección Groucho: partidario del si no le gustan mis principios, tengo otros. Hasta erigirse sucesivamente en discípulo, compañero de faenas y cómplice de fechorías del rey emérito.

Lo anticipó, antes de que alguien ajeno lo desvelara, el presidente de la Federación Española de Fútbol –y socio de Piqué– al avisar de que más pronto que tarde aparecería publicada una conversación en la que el futbolista le proponía acudir a la mediación del exiliado rey Juan Carlos ante las máximas autoridades de Arabia Saudí.

Gerard es listo. No cabe duda. Y si le falta algo, además, aprende rápido. Para su nuevo oficio de comisionista, nada mejor que apuntarse a un máster con un verdadero maestro del offshore y el tapadillo. Por eso no solo tuvo el coraje de proponer a su socio, Luis Rubiales, ofrecer al susodicho y declinante monarca que ejerciera, una vez más, de facilitador ante la monarquía saudí, sino que consumó sus intenciones con una carta personal.

El presidente de la Federación debió santiguarse antes de declinar la sugerencia, pero ya estaba hecha, grabada e incluso confirmada. La ambición de Piqué no se paró en barras. Aunque, a la postre, la propuesta no pasó del escrito referido, su afán por reinar en el mundo del deporte era ya una evidencia.

El rey emérito, a la postre, no se lo tuvo que explicar de viva voz, bien porque alguien invitó a Piqué a alejarse de su propio empeño o bien porque ya había aprendido lo suficiente a través de lo leído, estudiado e incluso copiado del emérito real. Así consiguió que sus comisiones no  restaran de la cuantía del contrato sino que se sumaran a él. Aquí no paga quien recibe el dinero sino quien firma el encargo. Offshore y de tapadillo. La ley, al margen; en Arabia Saudí. Pura transparencia.

Conclusión: Piqué piensa en su jubilación y busca orientadores de mérito. Su anterior afán nacionalista le ha llevado a proponer su ayuda al maestro emérito y a la monarquía saudí. ¡Menuda compañía!

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