Comprender también requiere leer

En estos días entre brumas –las fiestas, la pandemia, la soledad, las rutinas– de pronto recuperas un libro olvidado y te enredas en él, descubriendo el origen de argumentos que considerabas propios. No hay que confundir lo propio –casi siempre asumido o deducido a partir de lecturas, comentarios, experiencias– con lo original o inédito, que solo está al alcance de los niños y los necios.

En esta ocasión el enredo se titula Lo que quiero es comprender (Trotta, 2010), un libro que recoge cartas, artículos o entrevistas en las que Hannah Arendt reflexiona sobre su vida y su obra, y en las que, sobre todo, desvela esa voluntad germinal, su motivación genuina: “Lo esencial para mí es la necesidad de comprender. Y a esta comprensión remite también, en mi caso, la escritura. La escritura es una parte en el proceso de comprensión”. Así se lo dijo Hannah Arendt a Günter Gaus en la entrevista que este le hizo para la televisión alemana ZDF en 1964.

Ahí se encuentra –cabe deducirlo– la raíz de algunos comentarios recientes publicados en este Lagar: “Últimamente he encontrado otro motivo que da mayor sentido al ejercicio de escribir. Redactar esos comentarios que empiezo a esbozar y que no alcanzan una meta plenamente coherente o razonada abre otras posibilidades: comprender la complejidad de los hechos a los que pretendo enfrentarme, atisbar senderos que no había previsto, advertir contradicciones que merece la pena conservar, ser la propia oposición de uno mismo. Esto último me agrada e incluso da sentido al deseo que justifica la escritura: pensar. Sí, por eso escribo. Y por eso lo publico. Porque no estar de acuerdo con uno mismo tal vez sea la mejor manera de empezar entender a otros”.

Ursula Ludz recoge en la introducción de Lo que quiero es comprender, con citas textuales de  Hannah Arendt, el significado de esa voluntad comprendedora más que comprensiva. Lo resume en cinco puntos:

  1. Comprender es “una actividad sin término, que nos permite conocer la realidad, que se halla en continuo cambio y transformación, y reconciliarnos con ella. Es decir, mediante ella intentamos sentirnos en casa en el mundo”
  2. “El comprender no tiene término y no puede, por tanto, producir resultados definitivos”.
  3. Comprender es “en el modo específicamente humano de estar vivo, pues toda persona individual debe reconciliarse con el mundo en el que ha nacido como extraño y en el que siempre seguirá siendo un extraño, por cuanto se trata de una realidad única, claramente concebible como tal. El comprender comienza con el nacimiento y termina con la muerte”.
  4. “El resultado del comprender es el sentido, que vamos engendrando a lo largo de la vida, en la medida en que intentamos reconciliarnos con aquello que hacemos o sufrimos”.
  5. “Saber y comprender no son lo mismo, pero están vinculados entre sí. El comprender se funda en el saber, y el saber no puede darse sin una comprensión previa, inarticulada”.

Sobre la relectura del libro que el azar rescató de su estantería surge el sentido de lo que, sin mayores pretensiones, se apuntó en esta bitácora. Comprender también requiere leer. Y esperar la digestión.

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