El PSOE se basta para destrozarse a sí mismo y, en caso de dudas, llama a un primo.

 

Anda el PP de tumbo en tumbo, que si los recortes, que si los sobresueldos, que si sus mentiras, que si Bárcenas y, en paralelo, como si a él también le deprimiera ese barullo, el PSOE, cada día, más paliducho. Se bastan él y sus socios, el PSC, para zancadillearse y estamparse contra sí mismos.

Primero, Pere Navarro se ilumina con la petición de abdicación del Rey (tal vez tan razonable como inoportuna) y luego con el apoyo a CiU, ERC e ICV, a favor de la consulta soberanista (tal vez tan imprevista como inevitable) y con ello anima a las hienas a acechar al moribundo. En las fieras se combina el instinto de supervivencia y el carroñerismo, el hambre y la gula.

Sin embargo, uno cree que ese es el precio de la defensa insensata del monolitismo como sustento básico de la verdad, cuando esta, ya va siendo hora de saberlo, sólo se asienta en la duda. ¿Por qué ese afán por lo uniforme? ¿Por qué ese empeño en negar diferencias en cualquier proyecto complejo? ¿Por qué el dogma irrefutable tiene más valor que la razón que se discute?

Pienso en estas cosas y acudo a Berltolt Brecht,

un fijo de estos días:

 

LOA A LA DUDA

Loada sea la duda! Os aconsejo que saludéis serenamente y con respeto
a aquel que pesa vuestra palabra como una moneda falsa.
Quisiera que fueseis avisados y no dierais
vuestra palabra demasiado confiadamente.

Leed la historia. Ved a ejércitos invencibles en fuga enloquecida.
Por todas partes se derrumban fortalezas indestructibles,
y de aquella Armada innumerable al zarpar
podían contarse las naves que volvieron.

Así fue como un hombre ascendió un día a la cima inaccesible,
y un barco logró llegar al confín del mar infinito.
¡Oh hermoso gesto de sacudir la cabeza ante la indiscutible verdad!
¡Oh valeroso médico que cura al enfermo ya desahuciado!

Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer en la fuerza de sus opresores.

¡Cuánto esfuerzo hasta alcanzar el principio!
¡Cuántas víctimas costó!
¡Qué difícil fue ver que aquello era así y no de otra forma!
Suspirando de alivio, un hombre lo escribió un día en el libro del saber.

Quizá siga escrito en él mucho tiempo y generación tras generación
de él se alimenten juzgándolo eterna verdad.
Quizá los sabios desprecien a quien no lo conozca.
Pero puede ocurrir que surja una sospecha, que nuevas experiencias
hagan conmoverse al principio. Que la duda se despierte.

Y que, otro día, un hombre, gravemente, tache el principio del libro del saber.
Instruido por impacientes maestros, el pobre oye
que es éste el mejor de los mundos, y que la gotera
del techo de su cuarto fue prevista por Dios en persona.
Verdaderamente, le es difícil dudar de este mundo.
Bañado en sudor, se curva el hombre construyendo la casa en que no ha de vivir.

Pero también suda a mares el hombre que construye su propia casa.
Son los irreflexivos los que nunca dudan.
Su digestión es espléndida, su juicio infalible.
No creen en los hechos, sólo creen en sí mismos.

Si llega el caso, son los hechos los que tienen que creer en ellos.

Tienen ilimitada paciencia consigo mismos.

Los argumentos los escuchan con oídos de espía.

Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,
están los reflexivos, que nunca actúan.
No dudan para llegar a la decisión, sino para eludir la decisión.

Las cabezas sólo las utilizan para sacudirlas.

Con aire grave advierten contra el agua a los pasajeros de naves hundiéndose.

Bajo el hacha del asesino,

se preguntan si acaso el asesino no es un hombre también.
Tras observar, refunfuñando,
que el asunto no está del todo claro, se van a la cama.
Su actividad consiste en vacilar.
Su frase favorita es: «No está listo para sentencia.»
Por eso, si alabáis la duda, no alabéis, naturalmente,
la duda que es desesperación.

¿De qué le sirve poder dudar a quien no puede decidirse?
Puede actuar equivocadamente
quien se contente con razones demasiado escasas,
pero quedará inactivo ante el peligro quien necesite demasiadas.
Tú, que eres un dirigente, no olvides
que lo eres porque has dudado de los dirigentes.
Permite, por lo tanto, a los dirigidos dudar.

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