Construir un libro y reconstruir una época

Paco fue guardia civil en Gernika durante los últimos años de la Dictadura. Allí se convirtió en Patxi. Ahora, al cabo de 45 años de aquel empleo, su hijo Mario y Arturo, su amigo, han decidido que la experiencia de Paco –o la de Patxi, su sobrenombre en Euzkadi– podrá servirles para hacer un cómic o un documental. Y se ponen manos a la obra pese a que el protagonista de la historia les advierta una y otra vez, desde el primer momento, que su experiencia estuvo muy lejos de los grandes titulares, ya fueran de la barbarie o el heroísmo.

Arturo y Mario no desisten: están empeñados en contar lo que pasó en Euskadi en los años previos a la Transición y tienen un testigo singular. Pero no se trata de una biografía sino de un retrato coral y singular de una época. Por eso se afanan en la búsqueda de documentos, de testimonios, de lugares y paisajes; escuchan a personajes sin adscripción ideológica y a otros representativos del mundo abertzale, a víctimas de la represión y, también, a responsables de acciones violentas de uno y otro signo.

Arturo y Mario se documentan: viajan, graban situaciones y escenarios e incluso se llevan a Patxi a recorrer los lugares donde vivió y trabajó en aquellos años oscuros. No es un trabajo lineal ni cómodo, sino lleno de incertidumbres y estados de ánimo variables.

La insistencia de Mario y Arturo frente a la aparente irrelevancia de los testimonios del guardia civil pasa por momentos de desconcierto y perplejidad que amenazan la viabilidad del proyecto. Ese es uno de los elementos centrales de este libro: el proceso de construcción del relato es el fruto de una búsqueda sin restricciones ni apriorismos, de la duda y la tenacidad. Otro aspecto central radica en la reconstrucción de una época de la que ha interesado la confrontación entre dos formas extremas de violencia por encima de los aspectos más íntimos de quienes se vieron envueltos, e incluso fueron partícipes, en la barbarie; negando así el valor de los matices en aras de la radicalización de los extremos que presidían aquella época.

Por este marco. por el que discurre Por un túnel de silencio (Pepitas de calabaza, 2022), transcurre un relato de Arturo Muñoz singular y apasionante. El tono narrativo de esta obra pretende involucrar al lector en el proceso creativo a través de la sencillez de los planteamientos, del carácter coloquial de las reflexiones, de la reiteración de datos y del recuerdo relacionado de viejos asuntos con que van surgiendo. Luego, una vez interiorizada la propuesta, la narración adquiere un ritmo arrebatador. La sencillez de los planteamientos y la riqueza de las situaciones convierten a Por un túnel de silencio en una pieza imprescindible sobre la narrativa relacionada con el terrorismo etarra, la represión de las fuerzas del Estado y la complicidad social con unos u otros extremos de la barbarie.

El proceso de construcción del libro, entre el documental y la novela, conduce a la reconstrucción de un tiempo que la sociedad vasca y española no puede apartar de su memoria. El trabajo de Arturo Muñoz es formidable porque obliga al lector a implicarse más allá de los extremos y a reconocer que en esas circunstancias solo las víctimas son inocentes. A partir de ahí, sin exculpaciones, la experiencia personal se carga de matices.

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