Los ecos de Villarejo llegan desde la cárcel. Casado calla. Cospedal desaparece. ¿Qué ocurre?

“No todos somos iguales”. Lo dijo Carmen Monzón, antes de dimitir, para distinguir su máster del de Casado. Ahora lo repite el PP a coro para separar a las Dolores, Cospedal de Delgado. Tienen razón los dos en el aserto, porque la frase es la misma, aunque pretendan significar lo contrario. La emplean unos contra otros y otros contra unos y así los buenos y los malos cambian de bando.

Visto desde fuera, solo cabe ratificar el aserto: no son lo mismo..

Nos retrotraemos al origen de la trifulca. Lo de Montón se parecía a lo de Casado, pero con menores dosis de desfachatez. Ella negó los favores recibidos, pero acabó dimitiendo, más por su resistencia a admitir los regalos académicos que por el incumplimiento de sus obligaciones. Casado se resiste todavía a admitir los favores (más abundantes que los de la exministra), a reconocer que tampoco cumplió con las obligaciones elementales y a mostrar sus supuestos trabajos; es decir, lo que él mismo exigió, por ejemplo, al presidente del Gobierno a propósito de su doctorado y que Pedro Sánchez realizó. El líder del PP, no obstante, atiza en su defensa un trampantojo: una decisión judicial digna de sospecha que le exonera de responsabilidades penales. En realidad, esa situación también la disfrutan sus oponentes, porque no existe ninguna decisión judicial que haya apreciado indicios de delito en sus acciones, al contrario que en el caso Casado. Ni siquiera en este punto son lo mismo.

Vayamos a los episodios más recientes. A Dolores Delgado, la ministra de Justicia, la acusaron de haber mentido, porque negó inicialmente su relación con Villarejo y luego la limitó a cuestiones ajenas a su actividad profesional, ya fuera como fiscal o como política. Sus conversaciones con el comisario, más allá del mal gusto de algunos comentarios, tuvieron carácter privado y resabios de taberna tal vez estimulados por una sobremesa impropia de personajes con responsabilidades públicas.

El Partido Popular proclama que los comportamientos de la exfiscal Delgado y la exsecretaria general Cospedal no son iguales. Y tiene razón. Aduce el PP que su exdirigente ha aceptado que hubo conversaciones mientras que la ahora ministra se resistió a asumirlo y por ello recibió la reprobación del Parlamemnto. Sin embargo, ese dato no puede acallar otras diferencias mucho más apabullantes. Cospedal concertó la cita en la planta más noble de su Partido; o sea, tuvo carácter oficial, aunque su interlocutor y su acompañante entraran de tapadillo por el garaje, tras los cristales tintados de un vehículo de camuflaje y previo desalojo de trabajadores o posibles testigos. Delgado conversó en un restaurante, tras una comida a la que había acudido por casualidad y en la que no se habló de confabulaciones, sobornos, ocultación de pruebas, amaños y contratos por venir. En las de Cospedal en la calle Génova, sí; hubo de todo eso y, cabe temer, más.

PSOE y PP tienen razón: no son iguales, pese a las apariencias que unos aceptan y otros encubren.

La maraña de intereses es la misma. La ciénaga en que chapotea la política, el chantaje que ejecutan tipos repugnantes, la cloaca en que se libra la batalla por el poder y la impunidad afectan a todos.

No obstante, hay que aceptar algo cierto: no todos son iguales. Por eso Casado calla y Cospedal desaparece. ¿Por qué? Por lo sabido y por lo que se puede saber. Un portal de internet amenaza cada amanecer.

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