Cuba en dos momentos con cien años de distancia

Dice la crítica, y lo ratifica el autor, que Personas decentes (Tusquets, 2022) es la novela más policiaca de Leonardo Padura y, por tanto, de Mario Conde, protagonista de toda la serie negra del escritor cubano. Esta obra llega después de Como polvo en el viento, y no solo se nota sino que hace honor al excelente retrato de la sociedad cubana que, siempre desde el ámbito literario, sugirió Padura en su anterior comparecencia.

Personas decentes eleva la novela negra al nivel de la excelencia, en el que el argumento y la narración se sirven de una trama policial para mostrar el trasfondo de una sociedad compleja y casi siempre oscura y sucia. Esta es, más allá de la peripecia de Mario Conde o de su precursor, el teniente Arturo Saborit, la cuestión central de esta novela: Cuba. La realidad social y política de la isla en dos periodos marcados por unas expectativas de cambio que preludiaron nuevas ruinas.

Por una parte, los años posteriores a la independencia de España, inmediatamente transformada en dependencia de unos pocos abusadores, extranjeros de distinta procedencia que denigraron y empobrecieron al conjunto de la sociedad cubana. Por otra,  cien años después de aquel momento, cuando parecían abrirse nuevos aires de libertad para un pueblo que, asumido el fracaso revolucionario, reclama mayor prosperidad. La primera se sustenta sobre la inminente llegada del cometa Halley, que hace temer por el futuro de los habitantes del país. La segunda, alrededor de la visita del presidente Obama y los Rolling Stones, que invitan a creer en un tiempo nuevo más relajado y dichoso.

En uno y otro caso las expectativas se contraponen con la realidad de una sociedad, en ambos momentos, degradada y corrompida, donde la prostitución de muchos y el caciquismo de unos pocos simbolizan la profunda descomposición e incluso la sordidez que traslucen dos momentos históricos tan distintos.

Mario Conde, ya en fase de retirada, se reivindica definitivamente como uno los mejores detectives de la literatura policíaca. Esta novela, además, le somete a un juego singular que el autor y el lector asumen: el de relacionarlo o compararlo con el teniente Saborit, un predecesor, hasta ahora inédito, aunque hijo también de Padura, que ejerció casi cien años antes que Conde en la misma isla; en distintas circunstancias, aunque con el denominador común de la oscuridad y la suciedad, de la corrupción y el afán de poder, de la pobreza y los sueños que arrastran a la postre marginación y desconsuelo.

Personas decentes ofrece un mosaico enorme de personajes formidables que invitan a comprender la complejidad de su tiempo y su mundo. Gente que busca salidas a través de recovecos insólitos. Personas decentes a las que un mundo depravado convierte en pillos, pendejos, buscavidas y canallas. Tipos dignos del realismo mágico, que aúnan el ingenio de la calle y el arraigo a una realidad turbulenta.

O sea, una gozada de novela para desear que el cometa Halley y Obama hubieran conseguido aligerar, un poco, el fiasco de la realidad.

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