En la sociedad en que vivimos los auténticos poderes no son visibles ni escrutables. En esas circunstancias el ejercicio de la política no refleja las tensiones más importantes ni tiene capacidad para resolverlas. Mientras no cambie esa realidad la sociedad estará privada de derechos elementales. ¿Por qué el interés de unos determina los derechos de otros? ¿Por qué la mayoría no basta para ejercer el poder?

Si tales preguntas tienen sentido, la democracia es un juego de rol.

¿Cómo conseguir estructuras sólidas, perdurables, sin un acuerdo social? ¿Hasta dónde cabe el acuerdo, si el poder de las partes es desigual?  ¿Cuánto importa la mayoría social? ¿Cómo doblegar la resistencia de los intereses de una minoría y sus ejecutivos?

Puede parecer que estas reflexiones se andan por las ramas. Que la vida es así y no la he inventado yo. Pero conviene recordar en qué terreno jugamos. Y que esta sociedad está formada por personas a las que se han vulnerado sus derechos, porque, simplemente, pertenecían a la estirpe de los vulnerables. La mayoría.

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