1. Seguir en el euro contra la voluntad y los criterios de quienes lo gobiernan es un propósito que dependerá de la condescendencia de estos últimos; y conviene saber que los poderosos carecen en los momentos de la verdad de los más elementales sentimientos; controlan sus emociones y por eso engordan.

2. No es cuestión de derecha o de izquierda, del euro sí o el euro no, sino de democracia. Ese el gran argumento a favor del referéndum griego. Sin embargo, cada país de la Unión no puede ser el ámbito de decisión de los asuntos comunes. Así nos va. Véase, para no acudir a cuestiones nacionalistas, el caso real de una comunidad de vecinos: al cerrar el ejercicio, la junta vecinal supo que había una relación personas morosas y otra de personas que habían aportado más dinero del que les correspondía a las arcas comunes; la asamblea decidió exigir su cuota a los deudores y votar sobre el uso del dinero de los acreedores, a los que el referéndum decidió desposeer de su propio dinero para que integraran el fondo de la comunidad. Pura democracia, ¿no? Pues eso.

3. Europa puede ser una rémora para Grecia, pero hasta ahora la ha salvado de la muerte. El país no enfermó por culpa de virus, bacterias o malformaciones exógenas, sino muy endógenas. El hospital internacional con el que Grecia estaba asegurada no le ha devuelto la salud, e incluso cabe que sus médicos hayan decidido cronificar la afección, pero, al menos, por el momento, le han salvado vida; tal vez solo con cuidados paliativos, sedaciones y aspirinas. ¿Pero conviene en el lecho del dolor abroncar a los médicos de servicio?

4. La austeridad impuesta por Bruselas es la mayor garantía de la ruina griega. Hay consenso. Y sin Bruselas, ¿que habría pasado, en Grecia o en España?

5. En situación desesperada, patada a seguir. Si no es posible avanzar con el balón de mano en mano, en el rugby se utiliza esa estrategia para avanzar, escapando de las inmediaciones de la portería propia y acercándose a la portería contraria. En sí mismo no resuelve mucho, pero alivia e incluso, a veces, te deja al borde del touch down. Viene esto cuento de Syriza y de Grecia. Después de haber estado al borde del acuerdo, después de haber conocido nuevas ofertas de renegociación, después de renegar del FMI que había anunciado la necesidad de una quita a medio plazo e incluso después de ratificar (con la cuenta atrás en marcha) que el gobierno griego estaba en casi todo de acuerdo con la última propuesta de los acreedores, ¿a qué viene el referéndum? Patada a seguir para ganar tiempo, para aliviarse o para salvar el culo del que, al girar la nariz hacia atrás, percibió un inequívoco olor a azufre… ¿De dónde?

6. Si me hacen la pregunta que figura en las papeletas del referéndum griego, me quedo peripléjico (no es una errata). Y si a los griegos les dan apenas una semana para resolver el enigma, mucho mejor que reflexionar, viajar a Delfos, a Olimpia, a Dódona o Dádimo; es decir, al oráculo. Supongo que en eso andan.

7. Mientras, algunos baten palmas, porque en la pérdida de tiempo se acumula desgaste: por la polarización de la sociedad griega (que no se merecía este ejercicio pirotécnico para convalidar la impotencia o asumir la responsabilidad del caos) y por la pérdida de confianza de un gobierno recién elegido que ha tropezado con el muro que él mismo alentó. Sólo se debe prometer lo posible. Lo que no depende de uno mismo, mejor es avisar, para no convertirse en traidor. Hay lobos en el bosque y a los paseantes ingenuos conviene advertírselo antes de que reciban la última dentellada.

8. Las responsabilidad es siempre de los otros. El nuevo, aunque repita, presidente de Extremadura ha corrido a reclamar ayudas del Estado para salir de la prostación de una comarca que ha recibido aportaciones muy serias para transformarse en un colectivo verdaderamente autónomo. También para ellos el presidente del Gobierno podrá argüir su último hallazgo argumental y socrático: “Una cosa es la solidaridad y otra la solidaridad a cambio de nada”.

9. Nada será igual el día después, pero es posible que se parezca mucho. ¿Deberemos preguntarnos entonces, solo entonces, el por qué?

10. El otro es el culpable. Faltaría mas.

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