En esta campaña electoral diluida por motivos ajenos, un programa deportivo, El larguero, ha planteado una fórmula curiosa. Entrevistas a los candidatos de los principales partidos políticos con el contrapunto de una tercera persona, un deportista relevante; con José Ramón de la Morena como maestro de cada una de estas ceremonias.

 El primer capítulo de la serie lo protagonizaron Pablo Iglesias y el entrenador del Rayo Vallecano, Paco Jémez. Fue una conversación tranquila, respetuosa, en la que el político aprovechó los símiles deportivos para explicar algunos aspectos de su programa y para acercarse a determinadas actitudes polémicas. Los dos protagonistas fueron interrogados de manera alternativa, en algunos momentos paralela, para conocer aspectos de sus trayectorias vitales y profesionales. Quizás el interés se centró más en el fondo que en la forma. Suele ocurrir cuando prima la sensatez y el respeto. Pablo Iglesias había intentado que su interlocutor fuera Vicente del Bosque y, sin mencionar ese propósito, dejó claros los motivos: en España es más importante el cargo del seleccionador que el de primer ministro. Por eso, tal vez, planteó que, una vez convertido en presidente de Gobierno (eso dijo él), le gustaría ser recibido por el entrenador.

En el segundo episodio se las vieron Mariano Rajoy y el deseado seleccionador de fútbol. De ello se habló en otro lugar de este lagar https://www.lagardeideas.com/agora/?p=1463. El centro de atención se desplazó netamente hacia la política, a la actualidad, a Cataluña, no a las trayectorias personales que habían primado en el primer episodio; en esta ocasión, mucho más conocidas por los oyentes. Vicente del Bosque, utilizado como reclamo, se mostró perplejo, dubitativo, frenado (con el de mano y el de pie, juntos); es decir, manipulado. Para colmo, entre la ignorancia del interrogador y la inanidad del entrevistado, se pudo sacar en limpio poco más que el interés del presidente del Gobierno por el Real Madrid, muy superior al que le merecen (o eso pareció) todos los pobres que esta sociedad ha generado bajo su mandato. Por eso, tal vez, en los últimos momentos de la entrevista Del Bosque afirmó que tenía decidido su voto, sin añadir más, aunque se pudo entender que Rajoy no cuenta con él.

En el tercer capítulo se enfrentaron Albert Rivera y el exjugador, entrenador y siempre comentarista Jorge Valdano. Un duelo entre personajes de verbo fácil. El deportista optó por la  discreción, con alguna reflexión benévola e inteligente sobre algunas afirmación del único protagonista de la noche. Rivera fue un ciclón, desinhibido, bullicioso, hábil. El momento más brillante se produjo como consecuencia de un imprevisto: durante el programa se conoció la suspensión del partido que debían disputar al día siguiente Bélgica y España, como consecuencia de los atentados de París; por ese motivo, De la Morena habló con Vicente del Bosque, al que preguntó en que posición alinearía al candidato de Ciudadanos. El seleccionador lo pensó un instante: “No voy a decir de extremo, porque seria demasiado, pero sí le veo de interior derecho”. Valdano río. Rivera trató de argüir que sabía jugar por todo el campo. Quedó dicho; ese tal vez fue el único contrapunto al ciclón Rivera.

Queda la última entrega, con Pablo Sánchez y el entrenador del Real Madrid de baloncesto Pablo Laso. Las expectativas son menos.

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