Escuchas las noticias de la noche, repasas el periódico de la mañana, atiendes los diarios en internet, los mail o los tuits.

Lees las últimas exigencias/recomendaciones de la OCDE para España. ¿Y qué puedes decir/hacer? ¡Pero qué piensan, dónde viven, qué quieren estos tipos?

Compruebas que todo te remite al fracaso, a la derrota de innumerables ciudadanos que se mueven a impulsos de su propia depresión. Que ya no hay locos, porque estos tiempos remiten a otros también tristes y turbios, los que reflejaba León Felipe. Ni locos ni epopeyas. Nos han robado el presente y la esperanza.

Y te preguntas:  ¿Cómo entender a esta sociedad líquida? ¿Desde el pensamiento débil? ¿O aquí sólo cabe el grito porque esta no es más que una sociedad histérica, que sólo se explica y se entiende así, neurótica?

La única fuerza transformadora surgirá de la rabia(*).

Eso es lo que expresan muchas de las anotaciones que voy tomando a diario: Estas son las últimas:

Suma y sigue: ya son cuatro. Sobre los desahucios.

Realidades borrosas: los re comen dados. Sobre el último (hasta ese momento) caso de corrupción.

Cataluña: ¿pactarán los bandos nacionales? Sobre las posibles coaliciones de gobierno.

Más gilipollas que Wert. Sobre una información estrafalaria (y nacional).

Cataluña: total, ¿para qué? Sobre el estado (en minúscula) de Cataluña tras las elecciones.

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(*) Véase, si se quiere, el comentario titulado La definición cervantina de la rabia, que complementa este.

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