14 de enero

Somos tan conscientes de la irrefutable verdad de la muerte, nuestra finitud, que con frecuencia decidimos acelerarla con los propios actos. A fin de cuentas, frente a la infinitud del universo, solo se trata, en palabras de Machado, de un poco más, algo menos. ¿Cuestión de medida?

Llegamos a la vida sin quererlo, hijos de la casualidad, y nos vamos, muchas veces, sin haberla merecido, que debiera ser lo mismo que haberla disfrutado. 

13 de enero

Agarradito a las barandillas, a la pared, a los coches e incluso al brazo de alguna señora que se ofreció desinteresadamente… De esta guisa he ido esta mañana al polo norte a comprar pan… Lo más sorprendente: he vuelto. ¡Entero! 

A este fenómeno lo llaman Filomena, porque se trata de algo filomenal. 

12 de enero

En el fin de año, recluido, voluntariamente incomunicado, tuve un momento llorón. Lo compartí con un amigo. Quise pensar que se trataba de una situación pasajera. Los primeros días del año nuevo lo desmienten radicalmente. Por eso recupero aquellas notas del 31 de diciembre.

“Hoy tengo la sensación de que este ha sido un año de pérdidas. En otras ocasiones, este día también nos traía el eco de alguna ausencia, pero acompañada siempre de la esperanza de un tiempo nuevo que nos haría superar las pequeñas o graves desgracias. Nos deseábamos un tiempo mejor y eso nos animaba. Esta vez el eco es un estruendo que esconde el grito de la esperanza que necesitamos. Por eso, tal vez, vivo estos días con cierta sensación de derrota, de desconfianza y, a ratos, de despedida… Tras habernos robado el mes de abril y los siguientes, nos han hurtado los holas y los adioses, y, sobre todo, los hasta luego… Por eso anima tanto saber que hay palabras y presencias que invitan a recuperar lo perdido y a creer que volveremos a juntarnos y a reírnos, porque las ganas de abrazarnos no se han ido. Y eso en estos tiempos nos permite disfrutar de que vivimos. Tenemos pendientes todos los besos que no dimos. Fin del llanto”.

Nos quedan más de 350 días para rectificar. ¿Será posible?

10 de enero

No todos los weberos son webones. Ni viceversa.

9 de enero

Bajo los efectos de Filomena. No se nos va a olvidar el nombre ni la etimología.

A mi, solo un hombre, la nevada me trae recuerdos de cinco años atrás: el último viaje a Granara, el principio de un fin a plazo fijo, la emoción y la belleza del preludio de una despedida.

7 de enero

De un tiempo a esta parte, cada año por estas fechas aterriza en casa un nuevo aparato de cocina. Aparte del problema que supone decidir el lugar donde ubicarlo, por falta material de espacio, el regalo me obliga a abandonar cualquier otra tarea para aplicarme al libro de instrucciones y a encontrar las recetas que habré de ejecutar en los días siguientes. Por gratitud, fundamentalmente. Luego, hay veces en que le encuentro el gusto al artefacto y ya no se lo tiraría a la cabeza del donante. Esta es otra razón para aplicarme: la de aplacarme.

6 de enero

Día de Reyes. No faltan regalos, aunque tenga que descubrirlos con el vaho que provocan el frío y las mascarillas. Aún así reímos por el carácter pedagógico de algunos presentes. Pasado el jolgorio, al anochecer, advertimos que los adeptos de Trump han tomado por la fuerza el Capitolio, arguyendo que los electores han robado la presidencia al aspirante a sátrapa. Parece una contradicción, pero los asaltantes la ignoran. Aunque en estos asuntos no caben muchas bromas, si ellos tuvieran Reyes, ¿pasarían estas cosas? Tal vez, no; o sí. A fin de cuentas, la monarquía ya es, en sí misma, una anomalía democrática. ¿Nos habrán sentado mal la fiesta o las mascarillas?

5 de enero

Desconocía el remake de Eduardo Mendoza titulado Las barbas del profeta. Lo he encontrado por casualidad, pero lo he devorado sin pausa. He revivido la infancia, y más, y he reído. Algún día hablaré de La Historia Sagrada con D. A él le interesan estas cosas, pero no sé si, tan pequeño, va a disfrutar de la ironía. Así que he decidido regalárselo a su padre. Doblemente útil.

4 de enero

Las contradicciones son el espacio natural del ser humano. El mío, especialmente. Ratifico lo que escribe mi más que colega Juan Alberto Entizne sobre Medios de comunicación: ¿de qué hablamos? y, aún así, sigo pensando que aún cabe un ejercicio decente del periodismo. Lo compruebo cada día, aunque, para ello, haya tenido que apartar la mirada de numerosos medios y todas las redes. Se puede practicar el periodismo de manera decente siempre que no se pierda de vista el riesgo extremo  que hemos asumido. Otra contradicción, mucho más grave que las que solo son de incumbencia.

3 de enero

“Que otros se jacten de las páginas que he escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Lo decía Borges y lo comparto. Pero siento que a mí me asiste más la razón que al bonaerense. Porque yo no soy Borges.

2 de enero

Hubo unos años en los que este día era el de mi santo. Nunca se celebró. En casa no había fechas para tantas celebraciones familiares. Pese a ello y al tiempo transcurrido, todos los 2 de enero recibía una llamada telefónica que insistía en felicitarme. Hace ya tres años que no la recibo. Hoy he recibido otra, la de la persona que ha decidido ejercer de albacea de mi único felicitador. Con él discutía una y otra vez sobre la celebración e incluso sobre el cambio del santoral que había dejado al dulce nombre de Jesús en una fiesta movible. A ella, sin embargo, le he agradecido la llamada. Traía otro mensaje.

1 de enero

Las calles vacías y limpias. Parece otro día. Solo encuentro una cola: a la puerta de la churrrería. Formamos en fila india. Los que salen acarrean bolsas de familia numerosa. ¿Las hay todavía? En el exterior, algunos fuman sin recato ni descanso. El ritmo se hace lento y tenso. Quedan 365 días por delante, pero no es esa la cuenta atrás que ahora importa. Nos miramos pensando en otras cosas. Y hay un punto de reproche en las miradas. 

Me despido de 2020 con dos lecturas: La sobriedad del galápago, un cuento entrelazado de Sara Mesa con ilustraciones de Mimi González que publicó la Diputación de Badajoz en 2008, y una recopilación de artículos periodísticos (si por tal se entiende los que se han publicado en un periódico, en este caso El Mundo) de Fernando Aramburu, titulado Utilidad de las desgracias (Tusquets 2020). El primero me llama la atención por su estructura y la combinación de lo cotidiano y lo sorprendente, tras lo que intuyo la sombra de Borges. El segundo, por el ingenio que cabe en una colaboración a fecha fija: el del autor. Me han entretenido ambos y, sobre todo, en algunos pasajes del de Aramburu, he disfrutado. Sara Mesa estaba entonces lejos de Un amor, su Gordo de 2020.

El Diario 2020 puede verse aquí.

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