Diario. Diciembre 2016

Día 31

Lo que queda

Hacen una encuesta en la tele: cuénteme, inquiere el reportero, qué imágenes guardará en su memoria del año 2016.

Me traslado el interrogante.

Buceo en el panorama social: millones de refugiados, más millones de pobres muertos, Trump… Me dolió especialmente la madrugada del referéndum en Colombia. Otra respuesta incomprensible a preguntas taimadas.

Reviso en mis aficiones, mis actividades o mis empeños. Recuerdo la presentación en Matadero de Las Hurdes, tierra con alma. Por volver a encontrarme con un equipo al que, en la mayoría de los casos, admiro y quiero. Y además por un hecho que consiguió azorarme: la presencia tan sigilosa como amable de Basilio Martín Patino (la emoción me traicionó, me puse en el centro de la fotografía, como su mujer quiso, pese a que en aquel acto sólo él podía estar en el centro).

Sin embargo, la imagen más íntima (en realidad fueron numerosas secuencias de una intensidad desbordante hasta la pena de este momento en que escribo) sucedió en Milán, en un centro llamado Vidas porque en él se hace apacible, incluso dichosa, la muerte. Aunque la memoria no esconda buenas dosis de tristeza.

 

Día 30

20 años

Cada fin de año nos reunimos a cenar Agus, Marta, Elena y yo. A medida que se fueron incorporando a la familia lo hacen, sin falta, Dani, Sara, Diego y Guille, en estricto orden de aparición. También lo han hecho, aunque esporádicamente, otros miembros de la tribu: Isabel, Miguel Ángel y Mari Ángeles, Fernan y Maribel, Javi y Rosa, Mario y María, y alguno más a los que, seguro, traiciona mi memoria declinante. Un par de veces o tres  hemos eludido la fecha por razones técnicas (a Elena le dio por pasar algún fin de año en Brasil), pero nunca osamos suprimir la cena anual, que sigue un ritual que se se inaugura con jamón acompañado de magdalenas de aceitunas negras. Luego siguen diez, doce, quince platillos o más que deben ser inéditos, salvo excepciones decididas mayoritariamente.

Guardo buena parte de esos menús. El más antiguo corresponde al 31 de diciembre de 2007. Eso indica que mañana celebraremos, al menos, la vigésima edición del festejo. Esta vez pensábamos ser más de los que seremos y eso nos obligará a acordarnos especialmente de los que no están. Por ellos acabo de terminar un tiramisú tradicional, según la receta escrita, de puño y letra, por quien me lo hizo por primera vez. Por ellos estaban previstos para los próximos días unos espaguetis alle vongole, cocadas e incluso una tarta de almendras que evocarán momentos inolvidables.

El tiramisú lo intenté hace unos días. Con poca fortuna, la verdad. Demasiado lejos –el sentimiento impide cualquier intento de parangón– del que hizo mi maestro, el mismo que aprendió mi madre. De aquellas experiencias acabé convertido en catador de tiramisúes, como lo he sido, y sigo siendo, de arroces con leche, aunque en unas y otras cataduras he encontrado más decepciones que consuelo; sobre todo, en el postre italiano, porque de arroces con leche he disfrutados de ejemplos formidables: Oviedo, un garito en las montañas de León, Cantabria…

Esta vez me he esmerado en el tiramisú, pero presiento un nuevo fracaso. E incluso una cierta traición. ¿Por qué intentarlo? ¿Por qué hacerlo, sobre todo, en una fiesta que siempre pretendió buscar lo inédito? Me han podido los recuerdos. Y al cabo, veinte años merecen una excepción. Para combatir siquiera la imponente y permanente regla de la ausencia.

Día 27

Moros en la costa

He comprobado que, al menos, un par de personas siguen este diario. Pensaba que en este Lagar de Ideas polifacético había creado un rincón semioculto, casi despreciable, donde buscar un tono personal, casi confidencial, para luchar contra mi propia desmemoria. Para eso mismo también resuelvo sudokus y Agus sabe que, en ese momento, cualquier susurro me distrae. Temo que, una vez constatado que alguien observa, decida esconderme, agachar la mirada, refugiarme en la pelota y despreciar la fotografía. Pero también puede ocurrir que esa vigilancia me anime a seguir en el empeño. Tal vez porque así esos mirones acabarán atendiendo a cosas más importantes.

 

Día 15

Entuertos

Hay días que llegan enrevesados o se enrevesan. Cuando la realidad anuncia momentos trágicos, una historia, personal o familiar, que parecía amable empieza entonces a torcerse La tragedia se consuma y las lágrimas de la emoción generan desvaríos emocionados que se vuelven reproches igualmente emocionales. La historia se desvía de su contexto e incluso de su origen y el futuro se ve amenazado contra toda razón. En esos tiempos se entienden los sentimientos y sobran las emociones. Y es mejor dejar trazados los puentes antes de escapar de la tormenta. Después tal vez que no haya materiales ni tiempo.

Por eso, hoy, escribí: “Vivimos un tiempo cargado de sentimientos. Como decía Javi, tal vez debamos descargarlo de emociones para poder entender que quizás este no sea el mejor momento para la reflexión. Puede ser que nos hayamos equivocado todos. Que unos sientan un cierto abandono en este instante y que otros lo hayan sentido antes; que unos estén muy atentos a unas cosas diferentes de las que preocupan a los otros. Y tal vez que la comunicación resulte difícil por el idioma y las emociones”.

Sin embargo, cabe la posibilidad de liarse luego, rápido y mucho.

 

Día 14

Esperanza

Cinco años han pasado de la muerte de Esperanza. Esperanza Pérez Labrador, un emblema de la dignidad del ser humano frente a la barbarie, un símbolo de la esperanza entendida como resistencia, una persona inolvidable.

Distintas circunstancias han impedido que actualizara el archivo que de ella guarda este Lagar. Pero aquí esta buena parte de él.

Día 13

Carta al padre

No sé por qué escribo. Tan sólo cuándo lo hago. No sé a quién me dirijo ni qué busco con esta carta. Sólo a quién se la envío.

Desde hace mucho tiempo he sentido la necesidad de iniciar una carta para contarte, padre, todo lo que nos ha pasado desde que no estás. Tampoco está mamá. Ni Pipo ni Alfonso ni Rafael ni Nacho. Desde anoche tampoco está Javi. Fuimos once hermanos. Quedamos seis. ¡Qué desamparo!

Por eso quería escribir, porque llevo dos días en los que sin llorar tengo los ojos llenos de lágrimas. Por eso quiero enviarte esta carta, porque estoy seguro de que no vas a leerla. Ni siquiera si hubiera otra vida, porque, si fuera cierta esa patraña, ya habrías abandonado la lectura y te habrías apartado de la mesa, abierto la puerta del pasillo, refugiado en tu habitación para ocultar tu pena y tu llanto. Para que siguiéramos creyendo, como cuando niños, que nadie había más fuerte que tú; que tú eras la garantía de nuestra fortaleza.

Por eso te dirijo esta carta, porque necesito amparo, porque tal vez lo necesitamos todos los que aún estamos aquí.

Te recordamos con frecuencia por cualquier motivo y, casi siempre, para entendernos a nosotros mismos: tu insobornable sentido del deber, tus regañinas, tu cariño, tu violencia, los desastres que te provocaron la religión y la guerra, no sé en qué orden.

Te recordamos por todo. Como hacemos con mamá, que estuvo siempre a tu sombra, incluso después de muerto, y que se despidió con tanta fragilidad y tanto afecto que a ti mismo te habría sorprendido. Ella vivió la muerte de Pipo y de Alfonso, y fue capaz de sobreponerse con una firmeza imposible. No sé si habría soportado la pérdida de Rafael, que estuvo ausente casi siempre, y sobre todo de Nacho, con el que compartió momentos que alegraban su vejez.

Ayer le tocó a Javi, el más pequeño. A él no le gustaba, pero le llamabais Cuco. Ha sido durante toda su vida un tipo formidable. Con él hemos disfrutado unos últimos meses impresionantes. La suya ha sido una enfermedad tan brutal como estimulante. Por eso no lloro, pero se me caen las lágrimas. Ahora mismo, a borbotones.

Javi nos deja a Mica, a Pietro y a Elía… No puedo seguir. Me gustaría tener fuerzas para contarte todo lo que no sabes. Y lo que no sabrás, porque esta carta no tiene destinatario, aunque te la envíe a ti. Ya te he dicho que no sé lo que busco ni por qué escribo; sólo cuando lo hago.

Y hoy, este día, abruma.

 

Día 12

Silencio

Hay días sólo para callar.

 

Día 7

Vivir

Vuelvo a las frases encadenadas. Para despedirlas, mejor hablar de vivir.

“Ser feliz es un buen objetivo, pero no es algo que se pueda hacer un martes por la mañana”. (Javier Gómez Santander)

“No te tomes la vida demasiado en serio. De todos modos, no saldrás vivo de ella” (Aforismo).

“Uno no necesita muchos amigos, pero debe confiar en los que tiene” (Mankell)

“Es facilísimo correr riesgos cuando está en juego la vida de los demás” (Mankell)

“Un asesino sólo te jode la vida si te toca ser el muerto” (Javier Gómez Santander)

 

Día 5

Por los aires

El referéndum se llevo por los aires a Renzi. Pero a mí y a Javi nos importaba más la crema catalana. ¿Cómo pueden conseguir el azúcar quemada y crujiente en un envase, en contacto permanente con la crema, en un expositor refrigerado? Hoy por hoy, sólo con trampas.

 

Día 4

Curioso

Referéndum en Italia. Recuerdo una anécdota ocurrida hace unos días en Milán, a donde acudí para estar con Javi.

Elena, que es italiana y culta, progresista y ciudadana, no sabía qué votar en la consulta convocada para hoy por Matteo Renzi, el primer ministro.

– ¿Qué vas a hacer tú, Javi?, le preguntó Elena.

– Alegrarme de no poder votar.

Javi, que es español, aunque afincado en Italia desde hace casi treinta años, no puede votar en el referéndum pese a que sí puede hacerlo en las elecciones municipales o parlamentarias.

No sé si para celebrar su abstención obligatoria Javi me encargó que le comprara algún flan y algún tiramisú en un centro comercial. Encontré en los expositores del supermercado esto:

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Pensando en otros referéndums más cercanos, lo compré. Llegado el caso, de poder y tener que decidir, esta crema catalana tampoco sabría qué votar.

 

Día 3

Escribir

Encadeno otras citas:

“Un arte sin conciencia es solo decoración” (Robert Motherwell)

Escribir es “iluminar con la linterna los rincones en penumbra y, en la medida de mis posibilidades, desvelar lo que otros trataban de esconder. Existen dos tipos de narrador que se encuentran en una lucha constante. Uno entierra y esconde, mientras que el otro cava para desvelar” (Mankell)

“Es más importante la vida que el arte, pero sin arte la vida es incomparablemente más pobre” (Robert Motherwell).

“Históricamente, no se da un solo momento en que el Arte no se encuentre supeditado, en mayor o menor escala y en una u otra forma, a las exigencias de algún poder o influencia que ejerza sobre aquella libertad una presión restrictiva. La diferencia está en que la que el capital y la censura efectúan sobre el Cine es más brutalmente descarada y tiránica” (Eduardo Ugarte).

 

Día 2

Estado de barbarie

Encadenar lecturas permite, a veces, articular un razonamiento. Por el momento recojo fragmentos que parecen encadenables.

“Nada crea tan rápido tantos extranjeros como un proceso de construcción nacional”. Antonio Muñoz Molina.

“Los fracasos de la UE han provocado un aterrador auge del nacionalismo reaccionario y racista”. Paul Krugman.

“Hay una parte del legado de Hanna Arendt que se vuelve más relevante cada día. Su voz suena contemporánea cuando identifica el totalitarismo con la negación sistemática a aceptar la realidad, y elegir la fantasía ideológica o la pura ficción por encima de la racionalidad y el empirismo. Y quien ve ahora cómo Europa rechaza a los fugitivos de la guerra y el fanatismo se acuerda de aquellos ríos de refugiados entre los cuales caminó en su juventud Hanna Arendt”. (Antonio Muñoz Molina).

“Cuando las multitudes se unen por el miedo, al ser humano le lleva unos diez segundos regresar a la Edad Media”. (Javier Gómez Santander).

“La barbarie siempre ha tenido rasgos humanos. Eso es lo que la convierte en algo tan inhumano”. (Heining Mankell)

 

Día 1

La falsedad está en la intención

Leo el capítulo de las memorias de Juan Luis Cebrián que publicaba El País del domingo. Me interesa la anécdota. Y me acongoja no tanto la lucidez del que las suscribe como su empeño en mostrarnos que era, es y será el más listo de la clase. O sea, ya he quedado saturado. Esas memorias no me interesan, porque nunca podré anteponer la confianza que el lector debe depositar en el relato a la desconfianza que puede sentir ante el autor. En este caso me siento incapaz de sobreponerme a la suspicacia. Cuando el autor se ocupa tanto de sí mismo, el relato, aunque construido con hechos auténticos, se antoja inverosímil; la falsedad está en la intención.

 

La razón del silencio

Ni una sola entrada en noviembre. Unas pocas, poquísimas, desde enero.

Desde que decidí que este Diario debía tener un contenido eminentemente personal, la escritura se ha detenido. La decisión no fue un error, fueron los tiempos los equivocados.

Lo personal se vio anegado por lo íntimo. El respeto requería el silencio.

Durante todo este tiempo lo más relevante no se ha escrito. Se guarda y te encierra.

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