Discreto y solidario para vivir y jugar

La foto de Enrique junto a Maradona reúne y contrapone dos experiencias vitales casi opuestas. 

Me sorprende la muerte de Enrique Martin, un futbolista que mereció mi respeto y con el que tuve una sensación de compromiso y amistad. Han pasado muchos años sin vernos, pero no he olvidado el guiño cómplice que me dedicó una tarde electoral al saltar al terreno de juego en un tiempo en el que a los deportistas se les negaba el derecho a pensar por cuenta propia. Recuerdo también conversaciones sobre múltiples asuntos ajenos al fútbol en los que siempre estuvo discretamente interesado. Me acuerdo, en fin, de muchas charlas a salto de mata mientras esperábamos a que nuestras hijas terminaran las clases de violín.

Me emociona en este momento el recuerdo de su sencillez y su discreción en medio de una profesión, la suya, pero también la mía, de fuegos fatuos. Me emociona su actitud como futbolista: capitán ejemplar, abnegado, solidario, defensor del colectivo. Y todo eso me traslada a aquellos mis primeros balbuceos en el periodismo donde me vi metido antes de haberlo decidido.

De mis recuerdos de aquella época no abundan los personajes ejemplares. Enrique fue una excepción.

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