«Del revés». Pete Docter y Ronnie del Carmen, 2015

Ha habido casi total unanimidad a la hora de elogiar este nuevo producto de la marca Pixar, pionera y especialista en animación por ordenador, absorbida hace unos años por la clásica Walt Disney Pictures, que durante décadas imperó sin apenas competencia en el campo de los dibujos animados. Y que vuelve a desplegar su formidable máquina publicitaria para conseguir que todo el mundo considere que se trata de una de esas películas que hay que ver, capaces de entretener por igual a niños y adultos, lo que incrementa exponencialmente las expectativas del negocio.

Ciertamente, la idea que articula Del revés –cuyo título original podría traducirse como «Lo de dentro, fuera»– es ingeniosa y llena de posibilidades imaginativas: convertir en personajes hasta cierto punto autónomos a las cinco emociones básicas que se le suponen a una niña que al cumplir los once años va a sufrir una alteración importante en su vida cotidiana puede dar mucho de sí, por su originalidad y por el doble juego de acciones –internas y externas– entre las que bascula constantemente el argumento.

La pequeña Riley vivía confortablemente con sus padres en Minnesota. Cuando el padre decide que se trasladen a San Francisco, donde piensa montar una empresa, Riley experimenta una serie de cambios –de vivienda, de colegio, de profesores y amigos– a los que no logra adaptarse, hasta el punto de que llega a fugarse de casa tratando de volver a su lugar de origen. En su interior, Alegría, Tristeza, Miedo, Ira y Asco reaccionan cada una a su manera ante las distintas situaciones a las que se enfrenta la niña. Y el recorrido –en unas ocasiones la pugna, en otras la cooperación– de una y otros está descrito con una brillantez espectacular y una riqueza de recursos capaces de captar la atención del espectador más escéptico frente a esa serie trepidante de fuegos de artificio visuales.

Ocurre, sin embargo, que, aparte de las contradicciones quizá inevitables dado lo esquemático del planteamiento de fondo –Alegría se entristece cuando Riley fracasa y Tristeza se alegra cuando triunfa, por ejemplo–, hay en Del revés una serie de ideas por lo menos discutibles. Los padres de la niña –él un empresario frustrado y ella, al parecer, un ama de casa, como casi siempre– recuerdan a los dos tontos que hacían esos mismos papeles en la primera versión en dibujos animados de 101 dálmatas (One Hundred and One Dalmatians, 1961), de la ya citada Disney. La construcción y el funcionamiento de las cinco emociones supuestamente básicas responden a una concepción de la psicología típicamente estadounidense, que podríamos considerar conductista y obedece a una visión profundamente conservadora del comportamiento humano. De hecho, los recuerdos a los que constantemente recurre Riley pueden ser alegres o tristes, pero son siempre blancos, inocentes, desprovistos de cualquier doblez o profundidad; y la fugaz alusión que se ofrece del subconsciente es sencillamente patética en su simplismo.

Si a todo eso se añade el hecho aparentemente trivial de que entre las cinco islas que configuran la personalidad de la protagonista se cuela una que, más allá de lo puramente descriptivo –la familia, la afición al hockey, la tendencia a la payasada–, es de índole moral: lo que el doblaje llama sinceridad, que se hunde cuando Riley roba la tarjeta de crédito a sus padres, volveremos a encontrarnos con el viejo reaccionarismo amable de los productos Disney que durante tantos años condicionaron como quien no quería la cosa las mentalidades de los niños de medio mundo. Y tendremos la triste impresión de que la ingeniosa e innovadora empresa Pixar, que en algún momento hizo creer que se aproximaba a los planteamientos mordaces y lúcidos de la británica Aardman Animations, ha acabado siendo devorada por los criterios de quien ahora la controla a todos los efectos.

Por lo demás, está por ver que Del revés entusiasme por igual a los mayores, a pesar de lo reiterativo de muchas situaciones y lo arbitrario de numerosas soluciones, y a los pequeños, que podrán sufrir pesadillas –como con otros títulos clásicos de Disney– contemplando las frecuentes caídas al abismo de la protagonista y de sus sentimientos interiores, subrayadas por unos efectos sonoros y una música estridente que son también marca de la casa.

Para terminar, una broma quizá impropia de un comentario cinematográfico que se pretende serio, pero irreprimible desde esta realidad nuestra, tan alejada de los mundos de Yuppy, de Pixar o de Disney: es llamativo el parecido de la muñeca que representa a una de las emociones de Riley con la figura, el porte y los gestos de la todavía vicepresidenta del Gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría. Lo chocante y divertido a la vez es que esa emoción es precisamente… el asco.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «Inside Out». Dirección: Pete Docter y Ronnie del Carmen. Guion: Pete Docter, Meg LaFauve y Josh Cooley. Montaje: Kevin Nolting. Música: Michael Giacchino. Intérpretes: Animación en color. Producción: Pixar Animation Studio y Walt Disney Pictures (Estados Unidos, 2015). Duración: 94 minutos.

 

Más información en programadoble.com, el blog de Juan Antonio Pérez Millán.

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