Donde y cuando menos se espera… ¡Biden!

Joe Biden se ha convertido en poco más de tres meses ha puesto los ojos de muchos en formato sorpresa, la que genera la radicalidad de un moderado profundo. Y todo ello, por una razón elemental y decisiva: ha entendido el tiempo en que vive.
Mientras lo más cercano nos deprime, lo más distante nos anima. Las mejores noticias llegan de donde nada cabía esperar verdaderamente renovador; menos aún, transformador.
Desde los tiempos de John Kennedy y su sucesor imprevisto, Lindon B. Johnson, USA estimuló pocas políticas de interés para quienes los miraban desde lejos. Clinton nunca resultó creíble, porque tan solo pretendia gestionar los recursos de un país rico con los criterios de los más ricos. Obama sedujo con la brillantez de su oratoria, su mensaje interracial, algún gesto menor y muchas contradicciones. De Trump, mejor no hablar, porque la huella que ha dejado y que tan cerca sentimos simplemete deprime.
Biden ha necesitado tres meses para desmantelar los efectos más irritantes del trumpismo y para alentar expectativas que a muchos se le antojaban incompatibles con el coloso de Occidente.
La suya es, sin duda, la mejor manera de luchar contra el trumpismo. Biden ha asumido que el cargo le obliga a intervenir en el rumbo de su país e incluso en el del mundo. Porque para eso sirve la política. Y para eso se celebran elecciones. Y porque el poder solo se legitima con decisiones dirigidas a redistribuir la riqueza, a incluir a los más desprotegidos, a preservar el medio ambiente, a mejorar la atención sanitaria, a anteponer la salud a los intereses económicos multinacionales…
Rendidos a Biden, ¿qué decir de la Unión Europea? ¿O de Sánchez versus Calviño?

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