Antes de que se desvanezca el efecto Hollande –un efecto solo efectivo en el tiempo que transcurre entre la elección y la toma de posesión, porque, a partir de ese momento, las cañas suelen volverse lanzas–; antes de que se desvanezca, pues, el efecto efectivo, conviene armarse de argumentos.

Cabría también decir a los presidentes que lo son a tiempo pleno o solo parcial –por ejemplo, de viernes en viernes, pero ¡menudos viernes!–, que se vayan enterando, que lean, piensen, se informen, duden; por lo menos eso, duden. O sea, que escuchen las razones que circulan por algunas cabezas ajenas a sus propios reposasombreros.

También habría que leer la cartilla o los comentarios que ahora se publican, y que cada vez abundan con mayor frecuencia, a los que fueron presidente y se cayeron del caballo antes de que el jamelgo se cayera de sí mismo, lo que es un signo inequívoco de que les faltaba pericia para ser reconocidos como jinetes ejemplares y, en consecuencia, apenas pasarán a la historia como pajes de los auténticos jinetes, los del apocalipsis, que esos siguen cabalgando incluso cuando el equino, desvencijado, arrastra por el suelo los cuartos traseros, los delanteros e incluso los mismísimos belfos.

En fin, leamos, para confirmar que estamos en un lío, pero releamos para advertir que no es necesario convertir el precipicio en un abismo. Es más, gritemos que quienes nos revuelcan con fruición en el lodazal son responsables, como mínimo, de no intentar otras vías menos suicidas o, al menos, menos injustas para la mayoría de los ciudadanos; ¡menos imbéciles!

Dudar… Intentar… Gitar… Solo eso. Ahora que todavía estamos bajo el efecto efectivo de Hollande, tal vez tan efímero como todos los que no trataron de ahondar el agujero en la basura. O en la merde.

Hoy el día viene pródigo en textos coincidentes:

Antón Costas. El precio de la sobredosis de austeridad.

Paul Krugman. Esos europeos rebeldes.

Joseph E. Stiglitz. Después de la austeridad.

Recuperemos, ya puestos,

Luis Ayala. Las consecuencias de la austeridad.

Gaby Oré Aguilar. Derechos sociales; el otro déficit.

Luego hablamos.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.