Me veo oblligado a responder a un cuestionario. Debo hacerlo aprisa, casi a vuela pluma, porque urge mi punto de vista. Y me lo dicen, así, como si fuera el causante de esta crisis o el responsable de sacarnos de ella.

– ¿Tiene Alemania la culpa de lo que nos pasa?

– Si esto fuera solo una pelea con Alemania, el problema se habría resuelto hace tiempo. Se responsabiliza a Alemania, porque ella se ha beneficiado como ningún otro país de lo que ha sido la Unión Europea y porque tiene capacidad para ayudar a los que están en apuros a sabiendas de que su apoyo tendría efectos positivos para ella misma a medio plazo. Sin embargo, la manera de pensar de Merkel está en el adn de los actuales alemanes. El calvinismo económico…

– ¿Entonces, contra quién nos peleamos?

– Contra muchos países: los del norte, los protestantes, los ricos. Pero, sobre todo, contra una manera de entender el mundo y la economía que va mucho más allá, que está por encima de ellos. Esta situación y estos planteamientos tienen beneficiarios, unos pocos, unos muy pocos. Son el 1 por ciento del 1 por ciento de la sociedad mundial, pero manejan al otro 99,99 por ciento, incluidos sus recursos. Ese es el quid, el resultado de las aportaciones de Thatcher y Reagan, de la caída del Muro y, si lo quieres situar más cerca, de la misma línea de pensamiento que ampara al Tea Parthy y a los sectores dominantes en los países más poderosos. Si no fuera así, se buscarían otras posibilidades.

– Pero es Alemania la que nos obliga a obedecer su plan.

– Alemania es un símbolo: representa el capitalismo más cruel. Pero lo que se produce en España no es obediencia o sumisión sino complicidad de muchos sectores que influyen sobre este gobierno, muy proclive, por otra parte, a comprenderlos y ayudarlos. El anterior ejecutivo, se plegó a su poder: no encontró otra salida. Esa fue su miseria, porque debió irse antes de someterse. Este bobierno (me salió así, sin querer, y no lo voy a corregir), no; este participa de esa manera de ver las cosas, lleva dentro de sí a sectores que piensan exactamente así, porque de su obligación con la historia, la sociedad y otras mandangas puestas en su boca sacan réditos de largo plazo, aunque a costa de la pobreza de la mayoría. Cuando dicen estar interesados por el crecimiento lo hacen abrumados por su desatino, por la presión ciudadana y por razones de imagen. ¿O no se echaron contra Zapatero cuando trató de implantar mínimamente alguna medida de “estímulo” con todas sus limitaciones?

– ¿Se puede hablar de cesión de soberanía a favor de Alemania por parte de España?

–Esa idea de pérdida de soberanía me parece manipuladora y, como mínimo, de doble sentido. Hasta hace poco creía (ahora ya no sé) que era imprescindible ceder soberanía para que Europa pudiera ser verdaderamente útil: más justa y equilibradora, con mayor capacidad para articular políticas de igualdad o redistribución, como las que subyacen tras los fondos estructurales o de cohesión, de las que España ha podido obtener tantos beneficios. ¿Cómo se le puede pedir a Europa, por ejemplo, que estimule la economía europea, si su presupuesto no es más que el 1% del PIB de cada uno de los países? Cuando el porcentaje anterior (no más del 1,17 por ciento) se rebajó, Rajoy se mostró muy contento porque España tendría que aportar menos recursos. Ahí, en esa decisión el propio presidente del gobierno español estaba condenando al crecimiento de España. Tal vez, sin darse cuenta. Le suele pasar…

Decido entregar el cuestionario. Por las prisas, porque estoy hasta el gorro de darle vueltas a lo mismo, porque me ensimismo… Luego leo, aunque con retraso (no por mí, sino por ellos) los artículos últimos de Paul Krugman, La solucion del 1%, y Javier Pérez Royo, Estado de excepción. Están bien, pero ya lo sabíamos. Para Sísifo, acostumbrado a su carga y a la pendiente, no es lo peor el peso o la cuesta, sino ese sino circular que no puede eludir.

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