Este prodigioso titular anuncia, como ya se habrá advertido (pero, por si acaso), dos vías de investigación:

  1. El caos no os salvará. Véase, por ejemplo, la situación en Italia o Portugal, a su vez  compendio, anticipo y/o reflejo de lo que también ocurre en España.
  2. El caso Noos salvará. A alguien, de algo. Véase, a modo de ejemplo y sugerencia, la situación de la Corona española reflejada por El Roto en una viñeta memorable.

Si nos atenemos a 1, puede que la solución llegue desde las bambalinas del caos:

a. a través del desgobierno italiano, que una vez más obliga a la sociedad transalpina a exhibir su glosada capacidad para sobreponerse al singobierno. Aunque se trate de una capacidad tan tópica que más vale situarla  entre el dime y el direte.

b. a través del conflicto portugués, derivado de un Tribunal Constitucional que, por segunda vez, ha rechazado los recortes gubernamentales en aras de un principio insoslayable: el de igualdad. Dicho sea con reservas por lo que respecta a la propia decisión judicial, con sus contradicciones, aunque no con relación a los principios, donde la igualdad debe ser bandera.

Si nos atenemos a 1a, cabía prever algo parecido, aunque la dialéctica de los acontecimientos haya seguido un curso autónomo, en algunos o muchos aspectos imprevisto. La obligada depuración de los planteamientos de la izquierda tradicional puede transcurrir en paralelo a la depuración de las propuestas de algunos movimientos sociales. ¿Quién sacará mayor partido? ¿La asociación de lo más lúcido de cada uno o la fuerza que acecha desde las sombras de sí misma?

Por eso cabe concluir, por el momento, en caso transalpino el caos no os salvará. O sí. Porque, pese a la historia, que aboca cada intento de regeneración de la izquierda a un nuevo desastre, queda la realidad que insiste en que el poder de los poderosos obliga a los desventurados, ahora y una vez más, a reintentarlo. De ahí que también quepa una, solo una, dosis de optimismo.

Si nos atenemos a 1b, la vía lusitana, el Tribunal Supremo aprieta al Gobierno y, aunque parece aliviar a los ciudadanos, cabe temer que las próximas decisiones gubernamentales conduzcan a nuevas amputaciones. Viniendo de Sócrates, estos Passos no anuncian siquiera un pequeño Seguro, salvo que los movimientos sociales rompan la dinámica de tales alternativas. O sea, que por esta vía, en el caso lusitano el caos no os salvará. O sí. Solo si los ciudadanos desmembrados consiguen nuevas vías de intervención.

En España cabe desear que confluyan algunos aspectos de la senda portuguesa y la italiana. De esta, que el conflicto entre la izquierda y lo mejor de los movimientos sociales muestren vías que aquí aún no cabe suponer. De aquella, que el Tribunal Supremo portugués estimule al español a seguir su senda y a sacar al imperturbable gobierno hispánico de la pasma y del plasma.

Sólo así, a través de la incertidumbre y la impotencia, se podrá alcanzar lo imprevisible y soñar que el caos nos salvará. Quien así lo piense debe saber que será acusado de no distinguir entre ingenuidad y estupidez. Con lo que eso supone para la autoestima.

Si nos atenemos a 2 las cosas están mucho más claras.

a. El caos Noos salvará a los imputados. Porque eso de que todos los españoles ante la justicia somos iguales ante la ley no se lo cree ni el que lo solemnizó; o sea, el rey. Y en segundo lugar, porque el último movimiento táctico, proveniente de la misma mente, camina en otra dirección: la elección de los abogados intervinientes advierte de una solución prevista: la negociación, el difuminado, la confusión, la evanescencia.

b. El caos Noos salvará a los súbditos. Si 2a no funciona, es la única posibilidad acorde con la racionalidad o la coherencia. Mas quien así lo piense debe saber que será acusado de no distinguir entre ingenuidad y estupidez. Con lo que eso supone para la autoestima.

¿Se siente, así, lector, más animado? Falta hace.

 

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