Ha llamado usted a la Conferencia Política del PSOE. Gracias por su interés y su colaboración. Si desea expresar su adhesión a este ejercicio de debate y transparencia, marque 1. Si desea mostrar su conformidad con  alguna de las ponencias presentadas, marque 2. Si quiere dejar constancia del esfuerzo desarrollado por los promotores de este magnífico ejercicio de reflexión y autocrítica, marque 3. Si desea formar parte de alguna candidatura para algún cargo en el futuro, marque 4. Si su llamada se refiere a otros asuntos, espere, por favor, a que las líneas estén desocupadas. Muchas gracias.

Ni el objetivo se puede limitar a derrotar a la derecha  ni lo prioritario debe ser una izquierda con vocación de mayoría ni basta una antropología progresista para reorientar la acción política de los partidos de izquierda.

Ni el reclamo de los exdirigentes de IU, más el exjuez Garzón, dispuestos a participar en la próxima Conferencia Política del PSOE, ni el prólogo de Ramón Jáuregui a esa cumbre programática de los socialistas ni la aportación de los profesores de sociología y economía antes aludidos afrontan la complejidad de la necesaria redefinición de la izquierda para estimular a la sociedad en su conjunto y para plantear una alternativa veraz y creíble al modelo vigente. Sin embargo, todos aportan aspectos dignos de consideración.

Los exmilitantes de IU proponen una acción común de los partidos de izquierda; es decir, abordan la necesidad de anteponer la transformación de la sociedad y de la acción política vigente a los intereses de unas siglas o a las rencillas por un espacio electoral en disputa que, de tanta rivalidad sin relevancia, tiene a autoevaporarse; sobre todo, si se supedita al objetivo de derrotar a la derecha, tan alicorto e imprecisoque pudiera abocar a una derrota de esta derecha por otra disfrazada.

El coordinador de la Conferencia Política elabora una relación, o una retahíla, sin mayores concreciones, de los asuntos que deben ser objeto (en tanto que se trata de cuestiones por resolver) de clarificación y debate. La nómina de cuestiones planteada no es pequeña, aunque oculte otras también imprescindibles y, sobre todo, le falte profundidad y ambición a la mayoría de los enunciados.

La reflexión de los especialistas contribuye a poner sobre la mesa aspectos de enorme interés, como los derivados de la configuración de la sociedad contemporánea, de sus cambios respecto a épocas anteriores que contaron con sus correspondientes programas, ahora obsoletos, pero equiparan progresismo e izquierda, que en absoluto son lo mismo.  Y por ahí se pierde el rumbo de sus argumentos.

La Conferencia Política del PSOE, así preludiada, corre el riesgo de quedarse en un nuevo esfuerzo vano. ¿Basta un programa electoral, un listado de medidas más o menos coherentes entre sí, sin una refundación del partido o sin una renovación sustancial de su propio funcionamiento y, en consecuencia, de su dirigencia? ¿Es suficiente una reforma en profundidad si su implantación se encomienda a quienes han reiterado una preocupación cortoplacista y clientelar, obsesionada con su autodefensa de la maniobra partidista para permanecer en el cargo o su renuncia a posponer la ambición de poder (personal o colectiva) a la consecución de unos objetivos verdaderamente transformadores, comprometidos contra la desigualdad y garantes de las prestaciones públicas de los servicios fundamentales? ¿Y, por supuesto, de una acción política basada en el activismo ciudadano, que abola los clanes, las familias e incluso los pluses de antigüedad o de medro dentro del partido?

¿Puede surgir esa transformación del voluntarismo de quienes carecieron de voluntad para ejecutarla con anterioridad? ¿Cabe la posibilidad de que alguien criado en el modelo de partido actual pueda generar apoyos suficientes para realizar la revolución necesaria? ¿Es posible un debate de ideas que no sea agostado por los clichés acuñados a lo largo del tiempo para justificar a los cuadros internos e para impedir, simultáneamente, el acceso de ideas más exigentes? ¿Se puede conquistar la confianza de los ciudadanos sin dolor? ¿Es posible recuperar el debate ideológico, el que existió en algún momento, antes de que a algunos impusieran que, para acabar con los dogmas, eran necesarias otras directrices de medio pelo y que, a base de darnos gato por liebre un día tras otro, consiguieran convencernos de que nos gustaban los gatos?

– Sentimos comunicarle que las líneas siguen ocupadas. Llame, por favor, en otro momento. Le agradecemos de nuevo su interés y su colaboración.

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