El deseo de elevarse, renacer, volver a ser

Los primeros pasos por el último libro de Enrique Vila-Matas –Montevideo (Seix Barral, 2022– reivindican a un tiempo algunos de los lugares que definen la experiencia íntima del escritor catalán y la memoria. Así, a través de múltiples referencias culturales, se explica la identidad tanto del ciudadano y como del creador.  Somos por lo que otros nos mostraron y por los espacios en que hemos convivido.

Desde esa perspectiva el relato se va cargando de sugerencias que tejen un laberinto apasionante y que, más allá de la nitidez de su propuesta, se disfruta. A ese bagaje emocional se suman otras impresiones que estimulan y definen un paisaje personal, a veces difuminado, siempre revelador. La auténtica experiencia personal no se sintetiza en una biografía sino en el bagaje de reflexiones estimuladas por las lecturas, el arte…

Luego, el lector, seducido ya por el placer cautivador del ensamblaje de citas y referencias, va encontrando pistas que le invitan a comprender el sentido de la narración. De ese modo empieza a identificar “el general carácter ficticio de nuestra existencia”, a descubrir el valor de la ambigüedad como elemento central de la vida misma, o a comprender que la creación literaria consiste en adentrarse en lo que hay detrás de la puerta de lo que se ve y de lo que se finge. A partir de ahí se comprende que el novelista tiene como misión traspasar lo visible y anticipar el descubrimiento que da sentido no solo a su tarea sino a sus íntimas motivaciones.

De esa manera el protagonista indefinido que traza Enrique Vila-Matas –ya sea trasunto de sí mismo o instrumento puramente literario– empieza a reconocer que en algún momento de su tarea “tuve la impresión indemostrable de que la gente había empezado a conjurarse para que viviera historias que, a la larga, exigieran de mí que fueran narradas y me devolvieran al ‘recto camino’”. Luego, algún compañero de viaje y de complicidades le invitará calladamente a redirigir sus pasos a la búsqueda de “una complicada situación para que saliera de allí hablando de lo vivido”, hasta llegar “a sentir la imperiosa necesidad de escribirlo”.

Ese escritor que protagoniza la novela de Vila-Matas, inmerso en una fase de descreimiento u oscuridad, va entreviendo las motivaciones más profundas de su tarea hasta descubrir lenta e íntimamente, sin necesidad de acudir a la contraportada de Montevideo, lo que el lector ya había anotado durante la búsqueda del fondo último de la obra; esto es, lo que Moore le anticipara: “Te has convertido en los últimos tiempos en un escritor al que las cosas le pasan de verdad. Ojalá comprendas que tu destino es el de un hombre que debería ya estar deseando elevarse, renacer, volver a ser”.

¿Qué propone Enrique Vila-Matas? ¿Anuncia una nueva etapa o se trata, fundamentalmente, de una mirada retroactiva sobre los orígenes y trasfondos de su propia obra literaria y artística? ¿O será que lo uno y lo otro son lo mismo?

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