El día de Grecia, ¿adiós, Europa?

Que sí que, que no que…

Syriza se aproxima a la rendición. Los ortodoxos del rigor, al quicio de la condescendencia que les permite su condición de acreedores (qué calificativo más repugnante nos hemos dado).

Se salva el euro, se salva Grecia, se salva Europa, se salva la moral protestante, se salva la ortodoxia y su puta madre, el que debe lo paga, el al que se resiste se le somete y si en el empeño me autolesiono, no importa, porque se salvan los valores de la unión, los principios del poder.

A los pensionistas griegos se les ofrece el remedio del suicidio; bien ejecutado, es definitivo. A los parados de la vieja Europa se les sugiere el uso de antidepresivos hasta la próxima estación. A los pobres se les receta el consuelo espiritual de pertenecer al continente elegido para experimentar el mejor sistema distributivo conocido y desarrollado. A los supervivientes de todas las guerras y esta desolación se nos propone el imperio de la realidad.

Aún no se ha sellado el acuerdo, aunque ya se ha escuchado una voz pitufa que asegura “estamos trabajando en ello”. Es el fruto del juego del gallina, la ratificación de todo lo que se nos ha impuesto, el resultado funesto de un juego político con cartas marcadas en el que se discuten apariencias porque los resultados vienen preestablecidos.

La ortodoxia europea repugna. El sufrimiento de la gente debe importar más que los dogmas. Si la solidaridad no es la argamasa social, las instituciones colectivas sobran. Pero tampoco estimula la gestión de los nuevos líderes griegos: para llegar a este punto no hacía falta engañar a un pueblo.

Un desengaño funesto. Completamente europeo.

A quienes encontraron en Europa una razón para el optimismo les abate la decepción. Tras la caída del muro, la política quebró toda esperanza. La hegemonía de los que nunca pierden transmutó el símbolo de la cohesión por el de acreedores y deudores; un rol que aboga por el dominio y la sumisión.

¿Con ese bagaje aún cabe soñar una transformación que estimule el ánimo?

 

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