«Un día perfecto». Fernando León de Aranoa, 2015

 Cinco años después de su último largometraje de ficción (Amador, 2010), Fernando León de Aranoa consigue algo muy difícil, para lo que ya había demostrado su maestría en la muy popular Los lunes al sol (2002): que el espectador esboce una sonrisa en medio del más intenso de los dramas. Más aún: que ese gesto, por frecuente que sea, no distraiga, sino al contrario, profundice la vivencia de lo que se le cuenta sin edulcorantes ni paliativos. Si en aquella ocasión se trataba de algo tan serio como el paro, aquí es nada menos que la guerra de los Balcanes, en su última fase, a mediados de los años noventa.

Un día perfecto no es una comedia sobre la guerra, ni una parodia, como hay tantas en la historia del cine. Y aunque habla directamente de un asunto bélico real y de primera magnitud, es llamativo que en todo el metraje no se oiga un solo disparo, ni una explosión, próxima o lejana. Y sin embargo, el riesgo constante de que se produzcan tensa las relaciones entre el grupo protagonista y quienes los rodean, a modo de atroz telón de fondo, transmitiendo al espectador toda la brutalidad de un conflicto del que los medios de comunicación informaron abundantemente en su momento.

Basándose en la novela «Dejarse llover», de la activa militante de Médicos Sin Fronteras Paula Farias –lo cual añade validez y mérito a su planteamiento–, León de Aranoa y su coguionista Diego Farias construyen un relato terso, sin fisuras narrativas, salvo un cierto abuso, quizá, de las tomas aéreas de los agrestes paisajes españoles que representan con eficacia a los originales, y que aportan poco y distraen demasiado, además de ir acompañados por efectos musicales algo estridentes.

Los protagonistas de la acción son tres cooperantes de distintas nacionalidades, Mambrú, B y la joven e inexperta Sophie, dedicados a tareas relacionadas con la salud de la población y que tienen que sacar de un pozo el cadáver que alguien ha arrojado en él para corromper las aguas de las que beben los habitantes de la zona, con la más que probable intención de enriquecerse vendiéndoles después el líquido vital a precios abusivos. La necesidad de encontrar una cuerda para llevar a cabo su misión será el motivo aparentemente sencillo que va a mover la acción de esos personajes durante el agitado día completo que da título al filme, mostrando sin aspavientos a qué cantidad de obstáculos han de enfrentarse quienes tratan de desarrollar una tarea humanitaria.

Es en los detalles, en ese niño que es capaz de todo por conseguir una pelota, dentro de un ambiente donde lo poco que hay está en venta; en el espanto de Sophie al descubrir cadáveres de civiles que todos creían que habían huido; en el cerrilismo de los militares que imponen su férrea y ciega disciplina sobre la consecución de objetivos solidarios; en la presencia de una bella supervisora que ha de evaluar la labor de los cooperantes y que mantuvo tiempo atrás una relación sentimental con Mambrú; en la constante contraposición entre las formas de ver los problemas que tienen este y B, siempre irónico y como de vuelta de todo, aunque no renuncie a su implicación en el conflicto; en el singular procedimiento que deben observar para evitar las minas asesinas, siguiendo a una anciana que a su vez camina con cuidado detrás de sus vacas; es en esos y otros muchos detalles de similar calibre donde el cineasta consigue reflejar toda la brutalidad de la guerra, de cualquier guerra, pero especialmente de las que, como esta, enfrentan sin misericordia a personas cercanas, a familiares y amigos, por cuestiones de raza, religión, patriotismo y otras parecidas, que no son sino la tapadera de los más sucios intereses económicos, geoestratégicos y armamentísticos.

Por si fuera poco, además de estar contada con fluidez, salpicada de inesperados pero efectivos rasgos de humor en un contexto intensamente dramático, Un día perfecto logra que su amarga reflexión sobre una guerra concreta funcione sin obstáculos como una denuncia de todas las guerras. La desesperada tenacidad de los cooperantes, el silencio amargo de las víctimas directas del enfrentamiento, la frialdad de los estrategas que relativizan cuando no anulan de raíz cualquier derecho o valor humano, haciendo que la lucha por la supervivencia convierta hasta los sentimientos más profundos en mercancías, todo eso queda de manifiesto en esta película admirable, capaz de hacer humor –sin frivolizar, ni mucho menos– en tiempos de guerra.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «A Perfect Day». Dirección: Fernando León de Aranoa. Guion: Fernando León de Aranoa y Diego Farias, sobre la novela de Paula Farias, «Dejarse llover». Fotografía: Alex Catalán, en color. Montaje: Nacho Ruiz Capillas. Música: Arnau Bataller. Intérpretes: Benicio del Toro (Mambrú), Tim Robbins (B), Olga Kurylenko (Katya), Mélanie Thierry (Sophie), Fedja Stukan (Damir), Eldar Residovic (Nikola), Sergi López (Goyo), Nenad Vukelic (abuelo de Nikola). Producción: Reposado Producciones y Mediapro (España, 2015). Duración: 106 minutos.

Más información en programadoble.com, el blog de Juan Antonio Pérez Millán.

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