“Bankia salió a Bolsa apoyada en engaños”. “El precio de la acción se sostuvo con empresas próximas y clientes morosos”. Ambas afirmaciones se basan en el informe de los inspectores del Banco de España que asesoran al juez Andreu. Ahora se entiende hasta qué punto era verdad, como se aseveraba en su época de vicepresidente del Gobierno, que Rodrigo Rato era el hombre–milagro de la recuperación económica española durante el Gobierno de Aznar.

Sn embargo, ahora sabemos que cuando el milagro es un robo, al hombre–milagro es más adecuado llamarle ladrón. Si se quiere, reconociéndole su alta cualificación,  dada la cuantía del botín, pero ladrón. 

Rajoy, Cospedal y hasta el inefable Floriano seguirán hablando de la herencia… Una filfa de herencia en comparación con la recibida por los testigos directos y la generada por el mismísimo milagro económico del PP. Rato asegura que “no hubo intención ni posibilidad de engañar” en Bankia. Pero, de un tiempo a esta parte, como dijo el diputado de Amaiur en el Congreso, con perdón por tal reconocimiento de autoridad, se mueven por las “cloacas “matos y matas, ratos y ratas”

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