El pasmo heleno

Por lo que uno lleva leído en estos días, Grecia no es un estado fallido sino un estado falso. Ha carecido de la estructura que se le supone a los estados modernos y ha sacado partido a la gloria de su pasado y a su capacidad para fabular su propia realidad.

Hasta que llegaron los halcones y raptaron a la bella mujer subida a lomos del minotauro.

Las paradojas de Ulises, que es también su odisea, nos pueden devolver hoy un país convertido en la esperanza de los europeos derrotados. Syriza tiene una ventaja: para los no griegos se trata de un experimento con gaseosa. Esta noche, si gana Tsipras, todo el sur estará de fiesta. Pasado mañana, ya veremos; mas no tanto por ellos y su posible comportamiento como por la cerrazón de los dueños de las cuádrigas.

En cualquier caso, después de lo visto, puede que Syriza y Tsipras nos traigan el respiro que se negaron a ofrecernos Hollande o Renzi, que duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio.

Para empezar porque a algunos no se les va a pasar el pasmo.

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