El PP declara delincuente a santa Rita

Santa Rita fue ascendida a los cielos por decisión de quienes la habían enviado, como mínimo, al purgatorio. La familia envió al PP oficial a expiar los pecados a un rincón en la cuarta fila, mientras el lobo con bigote acampaba en la presidencia del velatorio. Las hienas de Hernando se quedaron en sus respectivos domicilios, porque, a su lado, hasta las esos animales repugnantes tienen escrúpulos.

Ha bastado una semana para que el PP proclame ahora que “santa Rita, Rita, lo que se da no se quita”; o sea, que si entregas mil del ala, no vengas luego con reclamaciones y que, si hubo aquéllas, que las hubo, fueron, como poco, ilegales. O sea, que a la santa o le ha durado el título poco más de una semana o sólo era convalidable a efectos celestiales, porque a los legales la señora Barberá sólo merece el de delincuente. Así lo ha proclamado el auditor del PP en el juicio por financiación ilegal a efectos electorales del Partido Popular de Valencia.

¿Y ahora? ¿Qué hace el pobre militante pepero, el buen ciudadano sobrecogido por la muerte imprevista o el gilipollas que aún atiende a los truenos de un bien nutrido grupo de imbéciles?

El PP se exculpa. Santa Rita Rita lo hizo todo por su cuenta, iluminada por el altísimo, sin intermediación de los que se quedaron, por una vez, en el rincón.

¿De quién es la infamia, arcángel Rafael y demás cofrades marianos?

Hoy, día en que las Fallas han sido declaradas patrimonio inmaterial de la Humanidad, es un buen día para quemar algunas tramoyas e incluso a sus tramoyistas.

 

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